El Parlamento Europeo aprueba el polémico acuerdo comercial con Canadá

Fuente de empleos y de inver­sión para unos, ame­naza a la sober­anía de los Esta­dos y rega­lo a las multi­na­cionales para otros, el polémi­co acuer­do com­er­cial entre Canadá y la Unión Euro­pea cono­ci­do como CETA (Acuer­do Económi­co y Com­er­cial Glob­al, por sus siglas en inglés) está ya a tan solo un paso de ser una real­i­dad, tras haber recibido este miér­coles el vis­to bueno del Par­la­men­to Europeo.

A la espera de que sea rat­i­fi­ca­do defin­i­ti­va­mente por los respec­tivos par­la­men­tos nacionales de la UE, el acuer­do, el may­or pacto económi­co bilat­er­al nego­ci­a­do por la Unión has­ta la fecha, podría empezar a entrar par­cial­mente en vig­or esta mis­ma pri­mav­era. Para bien o para mal, afec­tará a las vidas y las economías de mil­lones de per­sonas, a ambos lados del Atlántico.

El acuer­do lle­ga en un momen­to cru­cial para las rela­ciones com­er­ciales inter­na­cionales, en ple­na tor­men­ta por los movimien­tos pro­tec­cionistas del nue­vo pres­i­dente de EE UU, Don­ald Trump, quien ya ha saca­do a su país del trata­do com­er­cial del Pací­fi­co (TPP), y ha puesto en cuida­dos inten­sivos al TLCAN (el Trata­do de Libre Com­er­cio de Améri­ca del Norte), al menos en lo que respec­ta a su parte mexicana.

El CETA fue respal­da­do en la Eurocá­mara con 408 votos a favor, 254 en con­tra y 33 abs­ten­ciones, con el apoyo may­ori­tario del Par­tido Pop­u­lar Europeo (PPE), Lib­erales (ALDE), Con­ser­vadores y Reformis­tas (ECR), y un voto divi­do según del­e­ga­ciones nacionales en el seno de Social­is­tas y Demócratas (S&D). Los Verdes y la Izquier­da Uni­taria se opusieron: dudan de las garan­tías que ofrece el acuer­do en mate­ria lab­o­ral, pro­tec­ción medioam­bi­en­tal y sanidad, y aler­tan del poder que da a las multi­na­cionales frente a las leyes nacionales. Tam­bién la líder del ultra­derechista Frente Nacional francés, Marine Le Pen, anun­ció el voto en con­tra de su grupo.

«Puentes en lugar de un muro»

El min­istro cana­di­ense de Com­er­cio Inter­na­cional, François-Philippe Cham­pagne, cal­i­ficó el pacto, en declara­ciones recogi­das por la CBC, de «un acuer­do para el pueblo». Por su parte, Artis Pabriks, del Par­tido Pop­u­lar Europeo, indicó que «jun­tos podemos con­stru­ir puentes, en lugar de un muro», en clara alusión al muro que el pres­i­dente de EE UU ha orde­na­do con­stru­ir en la fron­tera entre su país y Méx­i­co. «El CETA será un faro para futur­os acuer­dos com­er­ciales en todo el mun­do», añadió.

Mien­tras, en el exte­ri­or de la sede europar­la­men­taria en Estras­bur­go (Fran­cia), las platafor­mas con­trarias al acuer­do de libre com­er­cio y que crit­i­can la opaci­dad de las nego­cia­ciones lle­varon a cabo una protes­ta pací­fi­ca que difi­cultó la lle­ga­da de eurodiputa­dos a la sesión.

El primer min­istro de Canadá, Justin Trudeau, inter­ven­drá este jueves ante el pleno del Par­la­men­to Europeo, en la que será la primera ocasión en la que un líder de este país se expre­sa en esta cámara.

Canadá y la UE dieron por cer­radas las nego­cia­ciones en agos­to de 2014, pero el acuer­do defin­i­ti­vo no fue suscrito has­ta octubre de 2016, tras super­ar los rece­los de var­ios esta­dos miem­bros, en espe­cial de Bél­gi­ca por el blo­queo ‘in extrem­is’ de su región val­ona. La prác­ti­ca total­i­dad de las dis­posi­ciones del acuer­do entrarán en vig­or de man­era pro­vi­sion­al pre­vis­i­ble­mente en el mes de abril, si la parte cana­di­ense tam­bién rat­i­fi­ca en las próx­i­mas sem­anas el tex­to nego­ci­a­do. Sin embar­go, la apli­cación defin­i­ti­va y total del pacto (inclu­i­dos ele­men­tos con­tro­ver­tidos como los tri­bunales de arbi­tra­je) no será efec­ti­va has­ta que los par­la­men­tos nacionales y regionales com­pe­tentes en los país­es de la UE (has­ta 38 cámaras) den su aprobación, lo que puede lle­var var­ios años.

Un gran mercado abierto

Según la Comisión Euro­pea (CE), el CETA “elim­i­nará los dere­chos de adu­a­nas y las restric­ciones del acce­so a los con­tratos públi­cos, abrirá el mer­ca­do de ser­vi­cios, ofre­cerá condi­ciones pre­vis­i­bles a los inver­sores y con­tribuirá a evi­tar la repro­duc­ción ile­gal de las inno­va­ciones y los pro­duc­tos tradi­cionales de la UE”. El acuer­do fija cien­tos de medi­das y nor­mas que regirán los inter­cam­bios com­er­ciales entre Canadá y la UE, des­de el acce­so a los mer­ca­dos en los difer­entes sec­tores has­ta las tar­i­fas adu­an­eras, pasan­do por la par­tic­i­pación de empre­sas extran­jeras en los con­cur­sos públi­cos, el reconocimien­to de los títu­los pro­fe­sion­ales a ambos lados del Atlán­ti­co, los están­dares de pro­tec­ción ali­men­ti­cia, san­i­taria y medioam­bi­en­tal, el desar­rol­lo sostenible, o la pro­tec­ción de los inver­sores, este últi­mo, uno de sus pun­tos más polémicos.

La CE afir­ma que el acuer­do elim­i­nará casi todos los dere­chos de importación, lo que supon­drá para los expor­ta­dores europeos “un ahor­ro de cer­ca de 500 mil­lones de euros al año”. Además, per­mi­tirá a las empre­sas de la UE pre­sen­tarse a lic­ita­ciones en Canadá, y acced­er a los mer­ca­dos de ser­vi­cios y de inver­sión de este país; facil­i­tará los desplaza­mien­tos tem­po­rales de ejec­u­tivos de empre­sas y provee­dores de ser­vi­cios entre la UE y Canadá; per­mi­tirá a los arqui­tec­tos, inge­nieros y con­ta­bles europeos prestar ser­vi­cios en Canadá; con­tribuirá a «acabar con las repro­duc­ciones ile­gales de las inno­va­ciones, obras de arte, mar­cas com­er­ciales y ali­men­tos tradi­cionales europeos en Canadá», e incre­men­tará la coop­eración entre los organ­is­mos de nor­mal­ización cana­di­ens­es y europeos.

La Comisión pre­vé que el com­er­cio de bienes y ser­vi­cios entre Canadá y la UE se incre­men­tará en casi un 25% y que el PIB de la UE aumen­tará unos 12.000 mil­lones de euros al año. Sostiene además que el CETA creará empleo y ase­gu­ra que “respetará ple­na­mente las nor­mas euro­peas en ámbitos como la seguri­dad ali­men­ta­ria y los dere­chos del trabajador”.

Con respec­to a la agri­cul­tura, la Comisión indi­ca que «la aper­tu­ra de los mer­ca­dos per­mite man­ten­er pre­cios bajos y aumen­tar la ofer­ta a los con­sum­i­dores», y que «la UE, gran pro­duc­to­ra de ali­men­tos de cal­i­dad, se ben­e­fi­cia­rá de la posi­bil­i­dad de vender más en un mer­ca­do [el cana­di­ense] de renta ele­va­da». De acuer­do con la Comisión, «los pro­duc­tos cana­di­ens­es solo podrán impor­tarse y vender­se en la UE si cumplen ple­na­mente la nor­ma­ti­va», «el acuer­do no afec­ta a las restric­ciones que apli­ca la UE a los OMG [organ­is­mos mod­i­fi­ca­dos genéti­ca­mente, o trans­géni­cos] o la carne de vac­uno con hor­monas de crec­imien­to, y tam­poco restringe, ni en la UE ni en Canadá, la adop­ción de dis­posi­ciones leg­isla­ti­vas en ámbitos de interés públi­co como el medio ambi­ente, la salud y la seguridad».

«Destrucción de empleo» y «pérdida de derechos»

Los detrac­tores del CETA (des­de ONG a par­tidos políti­cos y platafor­mas cada vez mas numerosas, como Stop TTIP, cuya peti­ción con­tra ambos trata­dos han fir­ma­do ya más de 3.200.000 per­sonas) ponen en duda las cifras mane­jadas por la UE y Canadá. Según los eurodiputa­dos del grupo Pro­gres­sive Cau­cus del Par­la­men­to Europeo, los resul­ta­dos ofi­ciales de la eval­u­ación del impacto sobre la sosteni­bil­i­dad del CETA pre­vén un aumen­to del PIB del 0,03%, «y otros estu­dios inde­pen­di­entes antic­i­pan la destruc­ción de más de 200.000 puestos de tra­ba­jo en toda la UE». «La Comisión Euro­pea —agre­gan— dice que el CETA es sobre todo una man­era de hac­er que las pequeñas empre­sas pros­peren, pero el 99% de las pymes no expor­tan más allá del Atlán­ti­co. En real­i­dad el ries­go que cor­ren es una caí­da de su cuo­ta de mer­ca­do en la UE debido a la com­pe­ten­cia con las grandes empre­sas canadienses».

Por su parte, el Con­se­jo de los Cana­di­ens­es, una de las may­ores orga­ni­za­ciones de acción social de Canadá, vatic­i­na que el CETA provo­cará una caí­da del 0,5% del PIB de la UE y del 1% del PIB de Canadá; con­ll­e­vará la pér­di­da de 230.000 empleos de aquí a 2023, la may­oría en Europa, y pre­sion­ará a la baja los salarios.

Las prin­ci­pales críti­cas, no obstante, hacen ref­er­en­cia, además de al secretismo en que se ha lle­va­do a cabo el pro­ce­so, a la pér­di­da de dere­chos y garan­tías. Así, el movimien­to No al TTIP sostiene que el CETA «bus­ca una restric­ción delib­er­a­da de la sober­anía democráti­ca y del mar­gen de man­io­bra políti­ca de gob­ier­nos y par­la­men­tos», y que ben­e­fi­cia a las multi­na­cionales en detri­men­to de los tra­ba­jadores, mina los están­dares de pro­tec­ción del con­sum­i­dor y el medio ambi­ente, pone en ries­go los dere­chos lab­o­rales y favorece la pri­va­ti­zación de los ser­vi­cios públicos.

Tam­bién se ha denun­ci­a­do que el CETA lim­i­tará la capaci­dad de los gob­ier­nos para desar­rol­lar políti­cas sociales, medioam­bi­en­tales o de género en la adju­di­cación de ser­vi­cios públi­cos, y que, en mate­ria de seguri­dad ali­men­ta­ria, abre la puer­ta a graves ries­gos, ya que, afir­man, las nor­mas cana­di­ens­es en lo que respec­ta a hor­monas, col­orantes o pro­duc­tos trans­géni­cos son más per­mi­si­vas que las europeas.

El problema del arbitraje

El prin­ci­pal prob­le­ma se encuen­tra en el denom­i­na­do Sis­tema de Tri­bunal de Inver­siones (ICS, por sus siglas en inglés), un mecan­is­mo que establece cortes de arbi­tra­je espe­ciales para que los inver­sores extran­jeros puedan deman­dar a los Esta­dos y dirim­ir los con­flic­tos sin pasar por los tri­bunales ordi­nar­ios de cada país.

Según la Comisión Euro­pea, este sis­tema tiene como obje­ti­vo pro­te­ger a los inver­sores extran­jeros de un tra­to dis­crim­i­na­to­rio o injus­to por parte de las admin­is­tra­ciones, espe­cial­mente en lo ref­er­ente a licen­cias, per­misos o prome­sas de fun­cionar­ios del gob­ier­no: Para quienes se opo­nen al CETA, sin embar­go, el ICS no es más que una for­ma de legalizar el poder de las multi­na­cionales por enci­ma de las deci­siones de los Esta­dos: las grandes empre­sas podrán recla­mar mil­lones de euros en con­cep­to de com­pen­sa­ciones cuan­do las leyes lim­iten su capaci­dad de ganar dinero, o fre­nar refor­mas encam­i­nadas a la pro­tec­ción del medio ambi­ente o a garan­ti­zar los están­dares laborales.

«Al igual que Tran­sCana­da demandó al gob­ier­no de Oba­ma por pon­er fin al proyec­to Key­stone XL (un sis­tema de oleo­duc­tos entre EE UU y Canadá), las empre­sas cana­di­ens­es podrían legal­mente pedir a cualquier país europeo com­pen­sa­ciones si tomaran medi­das que afecten a sus ‘expec­ta­ti­vas legí­ti­mas’», indi­can los eurodiputa­dos del Pro­gres­sive Caucus.

Canadá ocu­pa el duodéci­mo lugar entre los socios com­er­ciales de la UE. La UE, por su parte, es el segun­do socio com­er­cial de Canadá, después de Esta­dos Unidos, y rep­re­sen­ta el 10% de su com­er­cio exte­ri­or. El com­er­cio de bienes entre la UE y Canadá asciende a unos 60.000 mil­lones de euros al año, según datos de la Comisión Euro­pea. La UE expor­ta a Canadá prin­ci­pal­mente maquinar­ia, equipos de trans­porte y pro­duc­tos quími­cos. Los ser­vi­cios com­er­ciales (esen­cial­mente trans­portes, via­jes, seguros y ser­vi­cios de comu­ni­cación) super­an los 26.000 mil­lones de euros (datos de 2012).

Las inver­siones son otro ele­men­to fun­da­men­tal de las rela­ciones. La UE es el segun­do inver­sor extran­jero en Canadá, y Canadá el cuar­to en la UE. En 2012, las inver­siones euro­peas en Canadá alcan­zaron un val­or de casi 260.000 mil­lones de euros, y las inver­siones extran­jeras direc­tas cana­di­ens­es en la UE super­aron los 142.000 mil­lones de euros.

Gas ruso: la nueva guerra fría

En ple­na ola de frío y con tem­per­at­uras bajo cero en medio con­ti­nente, mil­lones de per­sonas en 18 país­es europeos han comen­za­do el año con­ge­ladas. La razón: sus cale­fac­ciones no han recibido el gas que nece­si­tan para fun­cionar, un gas que  viene de Rusia y que, para ello, ha de atrav­es­ar Ucra­nia. Rusia y Ucra­nia mantienen des­de hace años una dis­pu­ta por los pre­cios del com­bustible que no es sólo económi­ca, sino tam­bién política.

Y la guer­ra ha vuel­to a estal­lar: el pasa­do día 1, la com­pañía gasís­ti­ca rusa, Gazprom, anun­ció que corta­ba el gri­fo. Des­de entonces se han suce­di­do las nego­cia­ciones y la ten­sión, y muchos país­es han lle­ga­do a declarar el esta­do de emer­gen­cia. Final­mente, la Unión Euro­pea tomó car­tas en el asun­to, envian­do obser­vadores para super­vis­ar los envíos de gas ruso por ter­ri­to­rio ucraniano

Este viernes parecía haberse lle­ga­do a un acuer­do, pero aunque el sum­in­istro comen­zase hoy mis­mo, en muchas zonas afec­tadas por el corte el gas no lle­gará has­ta den­tro de al menos tres días.

Ésta es la cróni­ca de nueve días de ‘guer­ra fría’ en Europa, así como las claves del con­flic­to y sus orí­genes, en 20 pre­gun­tas y respuestas.

1. ¿Cuándo decidió cortar Rusia el suministro de gas?

Rusia sus­pendió el sum­in­istro de gas a Ucra­nia el pasa­do 1 de enero, tras la rup­tura, un día antes, de las nego­cia­ciones entre las empre­sas de gas de ambos país­es (la rusa Gazprom y la ucra­ni­ana Naftogaz).

2. ¿Por qué ha afectado a Europa?

Porque por Ucra­nia pasa la gran may­oría del gas nat­ur­al ruso que Gazprom expor­ta a los país­es europeos. El corte del sum­in­istro ha afec­ta­do a un total de 18 país­es, muchos de los cuales reciben de Rusia el 100% del gas nat­ur­al que nece­si­tan para, entre otras cosas, ali­men­tar sus cale­fac­ciones en invierno.

La may­oría han tiran­do de reser­vas o de fuentes alter­na­ti­vas, pero tras nueve días de enfrentamien­to y en medio de una ola de frío, las reser­vas han caí­do con rapidez.

3. ¿Qué países lo han sufrido?

Las prin­ci­pales víc­ti­mas han sido los país­es bal­cáni­cos y los de Europa del Este. Así, el impacto ha sido espe­cial­mente grave en Bul­gar­ia y Hun­gría (país­es sin recur­sos pro­pios ni alter­na­ti­vas de sum­in­istro), Rumanía (las autori­dades ase­gu­raron que sólo qued­a­ba gas para cien días), Mace­do­nia, Croa­cia (en esta­do de cri­sis y con reduc­ciones en el sum­in­istro a algunos con­sum­i­dores indus­tri­ales), Ser­bia (los pre­cios de los cale­fac­tores eléc­tri­cos han subido has­ta en un 50%), Bosnia (el 100% del gas que se con­sume en este país pro­cede de Rusia, y los ciu­dadanos ago­taron las exis­ten­cias de est­u­fas eléc­tri­c­as en los com­er­cios) y Turquía.

Pero la decisión rusa tam­bién se ha sen­ti­do con fuerza en Europa Occi­den­tal. A Fran­cia dejó de lle­gar el 70% del gas; Ale­ma­nia, que impor­ta de Rusia el 37% de su gas, ha esta­do en aler­ta máx­i­ma y depen­di­en­do por com­ple­to del com­bustible que recibe a través de Bielor­ru­sia, y en Italia el gas ruso se ha reduci­do has­ta en un 90%.

Eslo­vaquia se vio forza­da a declarar el esta­do de emer­gen­cia tras reg­is­trar una caí­da de 70% en el sum­in­istro de gas ruso. La Repúbli­ca Checa tam­bién dejó de recibir igual can­ti­dad del car­bu­rante, y Aus­tria tuvo que recur­rir a sus reser­vas para suplir el corte del com­bustible en un 90%.

En Gre­cia tam­bién ha habido prob­le­mas, pero el corte ha podi­do paliarse con una estación de abastec­imien­to pues­ta recien­te­mente en fun­cionamien­to cer­ca de Atenas.

4. ¿Por qué cortó Rusia el suministro?

Tras meses de nego­cia­ciones, Rusia cumplió su ame­naza de cor­tar el sum­in­istro después de que las nego­cia­ciones entre Gazprom y Naftogaz se romp­iesen, el pasa­do 31 de diciem­bre. Ambas empre­sas no lograron lle­gar a un acuer­do sobre el pre­cio que deberá pagar Ucra­nia por el car­bu­rante ruso en 2009, ni sobre las tar­i­fas cor­re­spon­di­entes al trán­si­to del gas.

En noviem­bre del año pasa­do, Rusia había exigi­do a Ucra­nia que pagase a Grazpom su deu­da (2,4 mil­lones de dólares). El 4 de diciem­bre, el primer min­istro ruso, Vladimir Putin, ame­nazó ya con reducir el sum­in­istro de gas si Kiev no paga­ba lo que debía, así como una parte por las extrac­ciones ile­gales. El día 20 de ese mis­mo mes, Ucra­nia dijo haber paga­do su deu­da cor­re­spon­di­ente a noviem­bre y diciem­bre (1,5 mil­lones de dólares).

Antes de romperse las nego­cia­ciones, Moscú pro­pu­so a Ucra­nia ele­var el pre­cio del gas de 179,5 dólares por mil met­ros cúbi­cos en 2008 a 250 dólares en 2009, man­te­nien­do la tar­i­fa de trán­si­to en 1,7 dólares para el trans­porte de cada mil met­ros a cien kilómet­ros de distancia.

Kiev, por su parte pedía man­ten­er el pre­cio de 2008 y cómo máx­i­mo acept­a­ba su aumen­to has­ta los 235 dólares si tam­bién sub­ía la tar­i­fa de tran­si­to. Naftogaz declinó seguir nego­cian­do inclu­so ante las ame­nazas rusas de ele­var el pre­cio a 418 dólares por cada mil met­ros cúbicos.

5. ¿Son Gazprom y Naftogaz empresas privadas?

No. Pese a ser una empre­sa pri­va­da sobre el papel, Gazprom está con­tro­la­da por el Esta­do ruso (antes tenía has­ta un min­is­te­rio exclu­si­vo para su gestión), aunque el 6% de la com­pañía está en manos de empre­sas ale­m­anas. Su val­or de mer­ca­do, 270.000 mil­lones de dólares, según una esti­mación de 2006, la con­vierte en una de las may­ores cor­po­ra­ciones del mun­do. Grazpom con­tro­la el 15% de las reser­vas mundi­ales de gas y una gran can­ti­dad de las de petróleo. Naftogaz, por su parte, está con­tro­la­da en un 100% por el Esta­do ucraniano.

6. ¿Qué son las extracciones ilegales?

Una for­ma eufemís­ti­ca para hablar de robos de gas. Cuan­do Naftogaz acusó a Rusia de reducir en una sex­ta parte el bombeo de gas para Europa, Gazprom denun­ció que ese car­bu­rante es sus­traí­do ile­gal­mente de los gaso­duc­tos y depósi­tos sub­ter­rá­neos por Ucrania.

Gazprom acusó a Naftogaz de «desviar» (robar) el car­bu­rante expor­ta­do por su ter­ri­to­rio a Europa, y acto segui­do incre­men­tó el bombeo a través de Bielor­ru­sia y Turquía para com­pen­sar esta pre­sun­ta sus­trac­ción de gas.

Exper­tos ucra­ni­anos con­sul­ta­dos por El País expli­caron que para bombear el com­bustible a través de Ucra­nia es nece­sario que­mar gas, que se toma del flu­jo general.

7. ¿Paga Ucrania un precio de mercado por el gas?

No. Ucra­nia paga, según Rusia, menos de la mitad de lo que pagan los país­es europeos. Además, dis­fru­ta de mora­to­rias espe­ciales en el pago de sus deu­das. Ucra­nia mantiene estas condi­ciones pref­er­entes como heren­cia de la época en que esta­ba bajo la influ­en­cia soviética.

8. ¿Qué consecuencias tiene esto?

Des­de que desa­pare­ció la Unión Soviéti­ca las cri­sis se repiten de for­ma per­iódi­ca. Ucra­nia defiende su inde­pen­den­cia frente a Rusia, pero a la vez pre­tende man­ten­er sus condi­ciones espe­ciales en el pago del gas. Rusia, por su parte, se nie­ga a con­ced­er este tra­to pref­er­en­cial y tra­ta de fijar pre­cios de mer­ca­do y pla­zos para las deudas.

La pos­tu­ra de Rusia es más dura des­de que el Gob­ier­no ucra­ni­ano de Víc­tor Yúshenko, surgi­do de la Rev­olu­ción Naran­ja, en 2004, comen­zó a acer­carse a Occi­dente y a tratar de ale­jarse de la órbi­ta de Moscú, con pre­ten­siones inclu­so de ingre­sar en la OTAN.

9. ¿Cuándo se produjeron los primeros cortes?

Las primeras dis­putas comen­zaron nada más der­rum­barse la Unión Soviéti­ca, en los años noven­ta. Ale­gan­do impa­gos por parte de Ucra­nia, Rusia cortó el sum­in­istro en varias oca­siones en 1992, 1993 y 1994. Ello con­du­jo, a su vez, a las primeras extrac­ciones ile­gales de gas en sue­lo ucraniano.

10. ¿Cuándo fue la primera gran crisis?

El primer con­flic­to impor­tante tuvo lugar en enero de 2006, cuan­do, tras muchos meses de inten­sas nego­cia­ciones, Gazprom cortó las entre­gas a Ucra­nia después de haber pre­tendi­do subir el pre­cio de 50 dólares por 1.000 met­ros cúbi­cos a 230 dólares.

Como aho­ra, muchos país­es europeos se vieron entonces afec­ta­dos en ple­na ola de frío, y, tam­bién como aho­ra, Rusia acusó a Ucra­nia de robar gas. Final­mente, y tras cua­tro días con el gri­fo cer­ra­do, Gazprom y Naftogaz lle­garon a un acuer­do y fijaron el pre­cio en 230 dólares.

La guer­ra volvió a estal­lar en octubre del año sigu­iente, jus­to después de que se cel­e­brasen las elec­ciones leg­isla­ti­vas en Ucra­nia, con nuevas ame­nazas por parte de Rusia, lo que muchos anal­is­tas vieron como un «cas­ti­go» de Moscú al nue­vo Gob­ier­no pro occi­den­tal ucra­ni­ano. Esta vez ambos país­es lograron lle­gar a un acuer­do, pero en mar­zo de 2008 Gazprom redu­jo sus entre­gas a la mitad, has­ta que se fir­mó un nue­vo acuer­do sobre los precios.

Pese a que Kiev y Moscú acor­daron en octubre del año pasa­do un pro­to­co­lo para ir pasan­do poco a poco a pre­cios de mer­ca­do, el tema de la deu­da seguía pen­di­ente y las nego­cia­ciones volvieron a romperse el pasa­do 31 de diciembre.

11. ¿Por qué se repiten las crisis?

Se tra­ta de un tira y aflo­ja entre ambos gob­ier­nos. Rusia tiene en sus manos el recur­so de cor­tar el sum­in­istro, pero esto puede ser un arma de doble filo, ya que Europa es el prin­ci­pal cliente de su gas, por lo que, al final, aca­ba siem­pre cedi­en­do. Las cri­sis, no obstante, se cier­ran en fal­so una y otra vez, y sur­gen de nue­vo cuan­do la deu­da vuelve a cre­cer, varían los pre­cios de mer­ca­do o se con­ju­gan intere­ses políti­cos en ambas partes.

12. ¿Qué papel juega Ucrania?

Ucra­nia, que acusa a Rusia de «chan­ta­je», ale­ga que el prob­le­ma es políti­co y no económi­co. Sus gob­er­nantes jue­gan ante Europa el papel de víc­ti­mas, mostran­do la car­ta del «peli­gro ruso» para ganar apoyo occi­den­tal, y con­ven­ci­dos de que ni la UE ni EE UU les dejaran tira­dos frente a Rusia.

Sum­i­da en rival­i­dades inter­nas (según Moscú, el ori­gen de la cri­sis se encuen­tra en las dis­putas entre el pres­i­dente ucra­ni­ano, Víc­tor Yúshenko, y la primer min­istro, Yulia Tim­o­shenko), y sin haber hecho una nece­saria refor­ma de todo su sec­tor energéti­co, Ucra­nia está inm­er­sa en una grave cri­sis económi­ca (en noviem­bre el FMI tuvo que dar­le un crédi­to de más de 16.000 mil­lones de dólares), que pre­tende com­pen­sar con la impor­tan­cia estratég­i­ca de su situación geográ­fi­ca. Esta situación económi­ca deses­per­a­da le lle­va, al mis­mo tiem­po, a tratar de impedir con todos los recur­sos a su alcance un incre­men­to en los pre­cios del gas ruso.

Según Ucra­nia, Gazprom, con su subi­da de pre­cios, estaría tratan­do de provo­car la ban­car­ro­ta de Naftogaz para poder hac­erse con el con­trol del sis­tema de gasoductos.

13. ¿Qué intereses tiene Rusia?

Aparte de quer­er man­ten­er a Ucra­nia lo más pega­da posi­ble a su área de influ­en­cia, y de tratar de impedir que un ter­ri­to­rio tan impor­tante (tan­to en tér­mi­nos de población como geoes­tratégi­cos) pase «a manos» occi­den­tales, Moscú aprovecha las cri­sis del gas para pre­sion­ar a las empre­sas y gob­ier­nos europeos sobre la necesi­dad de que apoyen la con­struc­ción de dos grandes gaso­duc­tos (a través del Bálti­co y del Mar Negro), que per­mi­tirán aumen­tar el sum­in­istro sin ten­er que pasar ni por Ucra­nia ni por Bielorrusia.

14. ¿Cómo ha reaccionado la Unión Europea?

En un prin­ci­pio, la UE, como en ante­ri­ores oca­siones, declinó inter­venir direc­ta­mente en la cri­sis actu­al, ale­gan­do que se trata­ba de un prob­le­ma com­er­cial entre Ucra­nia y Rusia. No obstante, y ante la mag­ni­tud del prob­le­ma y el hecho de que muchos de sus miem­bros se esta­ban vien­do direc­ta­mente afec­ta­dos (entre ellos, la Repúbli­ca Checa, que osten­ta actual­mente la pres­i­den­cia de turno en la UE), Bruse­las comen­zó a adop­tar un papel más acti­vo como mediador.

El pasa­do día 6, la UE exigió el restablec­imien­to «inmedi­a­to» del sum­in­istro de gas des­de Rusia y cal­i­ficó la situación como «com­ple­ta­mente ina­cept­able», afir­man­do que los cortes se habían pro­duci­do sin avi­so pre­vio y «en clara con­tradic­ción» con las garan­tías dadas por las máx­i­mas autori­dades rusas y ucra­ni­anas de que sus ten­siones bilat­erales no afec­tarían al suministro.

Dos días después, Rusia accedió final­mente al despliegue de obser­vadores europeos en sus insta­la­ciones para revis­ar la entra­da de gas por Ucra­nia. El primer con­tin­gente del equipo de 22 obser­vadores llegó este viernes a Kiev, con la mis­ión de ver­i­ficar que no se pro­ducen por parte de Ucra­nia sus­trac­ciones del gas ruso des­ti­na­do a la UE.

15. ¿Se ha logrado una solución?

El prin­ci­pio de acuer­do alcan­za­do sobre el despliegue de obser­vadores inter­na­cionales parece haber puesto a la cri­sis en su rec­ta final. No obstante, y aún en el caso de que Rusia comen­zase a bombear gas de nue­vo hoy mis­mo, la Comisión Euro­pea explicó que el gas nece­si­tará unas 30 horas has­ta lle­gar a la fron­tera ucra­ni­ana, y entre 16 y 36 horas para atrav­es­ar toda Ucra­nia has­ta la fron­tera de la UE, con lo que a muchos país­es no lle­garía el sum­in­istro has­ta den­tro de, al menos, tres días.

16. ¿Cuánto depende Europa del gas ruso?

La cri­sis del gas entre Rusia y Ucra­nia ha rea­v­i­va­do la alar­ma sobre la depen­den­cia energéti­ca que la UE tiene del exte­ri­or, espe­cial­mente de Rusia, y sobre la difi­cul­tad de pon­er fin a esta situación, debido a su escasez de recur­sos y a su lim­i­ta­da capaci­dad de almacenamiento.

Del gas que la UE impor­ta del exte­ri­or (un 60%), el 42% viene de Rusia, que envía el 80% de sus exporta­ciones a través de Ucra­nia y el 20% vía Bielor­ru­sia. Rusia es tam­bién el prin­ci­pal provee­dor de petróleo a la UE, con un 33% de sus importa­ciones, y de car­bón, con un 26% de sus com­pras al exterior.

Los esta­dos bálti­cos, Fin­lan­dia, Eslo­vaquia, Bul­gar­ia, Gre­cia, Aus­tria, Hun­gría y la Repúbli­ca Checa depen­den de las importa­ciones rusas de gas en más de un 70%.

17. ¿Qué gasoductos hay entre Rusia y la UE?

El más impor­tante es el ucra­ni­ano, que atraviesa este país y se ram­i­fi­ca después para lle­gar a los país­es bal­cáni­cos, los de Europa del Este, los de Cen­troeu­ropa, Ale­ma­nia y Francia.

El gaso­duc­to «Yamal Europa» cruza Bielor­ru­sia y lle­ga has­ta Ale­ma­nia a través de Polo­nia, y el lla­ma­do «Cor­ri­ente Azul» une Rusia con Turquía, esquivan­do Geor­gia a través del Mar Negro.

18. ¿Qué proyectos de nuevos gasoductos hay?

Gazprom tiene dos grandes proyec­tos: los gaso­duc­tos «Cor­ri­ente del Norte» y «Cor­ri­ente del Sur». El primero recor­rerá 1.200 kilómet­ros sigu­ien­do la cos­ta del Bálti­co has­ta el norte de Ale­ma­nia, y el segun­do cruzará todo el Mar Negro has­ta Gre­cia y, después, Italia.

Por su parte, la Unión Euro­pea con­fía en su proyec­to «Nabuc­co», en cuya finan­ciación par­tic­i­pa tam­bién Esta­dos Unidos, para acabar con la depen­den­cia del gas ruso. Este gaso­duc­to trans­portará el gas de Asia Cen­tral y el Cas­pio, des­de Turquía has­ta Aus­tria, pasan­do por Bul­gar­ia, Rumanía y Hungría.

El prob­le­ma es que se cal­cu­la que «Nabuc­co» tan sólo proveerá el 5% de las necesi­dades totales de gas de la UE. Otro incon­ve­niente es que una de las rutas de enlace has­ta el gaso­duc­to en Turquía pasa por Geor­gia, un país cuya esta­bil­i­dad sigue en entredi­cho, espe­cial­mente tras la operación mil­i­tar rusa del pasa­do ver­a­no.

19. ¿Ha afectado la crisis a España?

No. España es uno de los pocos país­es de Europa Occi­den­tal (jun­to con Gran Bre­taña o Irlan­da), cuyo apro­vi­sion­amien­to de gas nat­ur­al no depende del sum­in­istro de Gazprom.

20. ¿De dónde recibimos nosotros el gas?

Por un lado, y pese a que España depende por com­ple­to del exte­ri­or para abaste­cerse, nue­stro país ha apos­ta­do tradi­cional­mente por el gas nat­ur­al licua­do, es decir, el que se trans­porta en buques y no a través de gaso­duc­tos. Este gas cubre cer­ca del 69% de todo el con­sumo total.

Por otra parte, el gas que lle­ga por gaso­duc­tos lo hace prin­ci­pal­mente de yacimien­tos situ­a­dos en el Norte de África, sobre todo en Argelia. Este país sum­in­is­tra un ter­cio de todo el gas que se con­sume en España. El otro gran provee­dor es Nige­ria. Entre ambos cubren más de la mitad del con­sumo español.

Aparte de África, España tam­bién impor­ta gas de Ori­ente Medio (espe­cial­mente de Qatar, un 13%) y de Améri­ca (Trinidad y Toba­go sum­in­is­tra un 11%), según datos pub­li­ca­dos por la Cade­na Ser.
El gas que nos lle­ga de Europa (un 5%) lo hace des­de Noruega.

Plan Bolonia: ¿El futuro laboral de Europa o la universidad en manos de los empresarios?

En la madru­ga­da de este viernes, la Policía tuvo que inter­venir para evac­uar a var­ios pro­fe­sores de la Uni­ver­si­dad de Valen­cia que se encon­tra­ban retenidos en la Fac­ul­tad de Dere­cho. Unos 50 estu­di­antes les impedían salir tras haber blo­quea­do todas las sal­i­das del edi­fi­cio. Los jóvenes forma­ban parte de un grupo que per­manecía acam­pa­do des­de hacía varias sem­anas en el cen­tro para protes­tar por la apli­cación del denom­i­na­do Plan Bolo­nia.

Como ellos, cien­tos de estu­di­antes más, sobre todo en Barcelona y en la propia Valen­cia, pero tam­bién en otras ciu­dades, han pro­tag­on­i­za­do estos días protes­tas, ocu­pa­ciones y encier­ros, en un cli­ma de ten­sión que no ha deja­do de crecer.

Las protes­tas, no obstante, vienen de lejos y se extien­den por toda la comu­nidad uni­ver­si­taria, prác­ti­ca­mente des­de que se fir­mó la refor­ma, hace ya nueve años, y espe­cial­mente des­de que la rat­i­ficó el Gob­ier­no español, el año pasado.

¿Qué es el pro­ce­so de Bolo­nia? ¿Qué supone para las uni­ver­si­dades euro­peas? ¿Por qué protes­tan? ¿Qué dicen sus defen­sores y sus detrac­tores? Las claves, en 20 pre­gun­tas y respuestas.

1. ¿Qué es la declaración de Bolonia?

La Declaración de Bolo­nia es una ini­cia­ti­va para refor­mar el sis­tema educa­ti­vo europeo, que fue suscri­ta en esta ciu­dad del norte de Italia, el 19 de junio de 1999, por 29 país­es de Europa: todos los que con­forma­ban entonces la Unión Euro­pea, España inclu­i­da, y otros pertenecientes al Espa­cio Europeo de Libre Com­er­cio y del este y el cen­tro del continente.

Con la fir­ma de esta Declaración se dio paso al lla­ma­do Pro­ce­so de Bolo­nia, o Plan Bolo­nia, que ha ido per­filán­dose pos­te­ri­or­mente, con diver­sos cam­bios y la inclusión de más esta­dos, a través de cua­tro nuevos acuer­dos, especi­fi­ca­dos en los Comu­ni­ca­dos de Pra­ga (Repúbli­ca Checa, 2001), Berlín (Ale­ma­nia, 2003), Bergen (Norue­ga, 2005) y Lon­dres (Reino Unido, 2007). La próx­i­ma con­fer­en­cia de seguimien­to se cel­e­brará el año que viene en Lovaina (Bél­gi­ca).

2. ¿Dónde tiene su origen?

El ori­gen de la Declaración de Bolo­nia se encuen­tra en la Car­ta Magna de Uni­ver­si­dades suscri­ta por var­ios rec­tores de uni­ver­si­dades euro­peas en 1988. Pero el paso pre­vio deter­mi­nante no se dio has­ta diez años después, cuan­do, el 25 de mayo de 1998, los min­istros de Edu­cación de Ale­ma­nia, Italia, el Reino Unido y Fran­cia (es decir, los cua­tro país­es de la UE que pertenecen al G7, el grupo que con­for­man las naciones más ric­as del mun­do) fir­maron en París la lla­ma­da Declaración de La Sor­bona.

3. ¿Quién la elaboró?

Los gob­ier­nos de los país­es fir­mantes, con la par­tic­i­pación de rep­re­sen­tantes estu­di­antiles, de la Comisión Euro­pea y de otras organizaciones.

4. ¿Cuáles son sus objetivos?

El obje­ti­vo del Pro­ce­so de Bolo­nia es lle­var a cabo una pro­fun­da refor­ma del sis­tema uni­ver­si­tario en Europa, medi­ante la con­struc­ción del denom­i­na­do Espa­cio Europeo de Edu­cación Supe­ri­or (EEES), dis­eña­do a par­tir del mod­e­lo anglosajón y orga­ni­za­do, según el pro­pio trata­do, tenien­do en cuen­ta prin­ci­p­ios de cal­i­dad, movil­i­dad, diver­si­dad y competitividad.

En este sen­ti­do, el Plan pre­tende con­seguir, entre otras cosas, la total movil­i­dad estu­di­antil den­tro del con­ti­nente y la homo­geneización de los estu­dios supe­ri­ores en Europa, aca­ban­do con el actu­al laber­in­to de convalidaciones.

Se pre­tende asimis­mo lograr un sis­tema de edu­cación supe­ri­or com­pet­i­ti­vo, atrac­ti­vo para el resto del mun­do, y que atraiga a estu­di­antes e inves­ti­gadores de otros país­es, así como ade­cuar las enseñan­zas a las necesi­dades del mer­ca­do laboral.

En gen­er­al, se bus­ca el con­cep­to de «edu­cación a lo largo de toda la vida» (life­long learn­ing, en inglés), en un pro­ce­so per­ma­nente de inter­ac­ción entre for­ma­ción y tra­ba­jo, y un cam­bio en los méto­dos de enseñan­za, con una aten­ción más indi­vid­u­al­iza­da al alum­no (más tutorías y tra­ba­jo per­son­al, menos clases tradicionales).

El fin últi­mo es incre­men­tar el empleo en la Unión Europea.

5. ¿Qué cambios introduce?

Fun­da­men­tal­mente, habrá un nue­vo sis­tema de crédi­tos y de tit­u­la­ciones, una nue­va finan­ciación de los estu­dios y más movil­i­dad para estu­di­antes, docentes, inves­ti­gadores y per­son­al de admin­is­tración y servicios.

6. ¿Cómo es el nuevo sistema de créditos?

El crédi­to se con­sti­tuye en la unidad de medi­da académi­ca en las enseñan­zas uni­ver­si­tarias ofi­ciales, jun­to con el lla­ma­do Suple­men­to al Títu­lo (o Suple­men­to de Diplo­ma, SD), un doc­u­men­to adjun­to al títu­lo que facili­ta el reconocimien­to académi­co y pro­fe­sion­al de las cal­i­fi­ca­ciones obtenidas.

En gen­er­al, todas las car­reras ten­drán una for­ma­ción ini­cial de 240 crédi­tos, equiv­a­lentes en España a cua­tro años (más tiem­po en el caso de algu­nas car­reras, como Arqui­tec­tura o Med­i­c­i­na). Con este primer niv­el de estu­dios se obten­drá el títu­lo de Licen­ci­a­do, Inge­niero o Arquitecto.

7. ¿Cómo se obtienen los créditos?

Cuen­tan no sólo las horas de clases teóri­c­as (las impar­tidas por el pro­fe­sor y las horas de exa­m­en), sino tam­bién el tra­ba­jo que debe ser real­iza­do por el alum­no (elab­o­ración de tra­ba­jos, sem­i­nar­ios, horas de estudio).

En tér­mi­nos gen­erales, los estu­di­antes deberán hac­er más prác­ti­cas y ten­er un papel más acti­vo. Cada crédi­to ECTS (Sis­tema Europeo de Trans­fer­en­cia de Crédi­tos, por sus siglas en inglés) cor­re­sponde a entre 25 y 30 horas sem­anales, de las cuales tan sólo 10 serán lectivas.

Los crédi­tos se anex­an al títu­lo, descri­bi­en­do los estu­dios cur­sa­dos para hac­er posi­ble la homolo­gación a niv­el europeo. Con ello, y par­tien­do de la expe­ri­en­cia del actu­al Pro­gra­ma Eras­mus, se pre­tende favore­cer la movil­i­dad estu­di­antil y laboral.

8. ¿Cómo son las nuevas titulaciones?

El sis­tema de tit­u­la­ciones está estruc­tura­do en dos cic­los: Gra­do, de edu­cación más gen­er­al­ista, y Post­gra­do, de edu­cación espe­cial­iza­da. El acce­so al segun­do ciclo requiere haber com­ple­ta­do con éxi­to el primer ciclo en un peri­o­do mín­i­mo de tres años (en España, sal­vo excep­ciones, cua­tro). Con el segun­do ciclo se obtiene el gra­do de maestría (Mas­ter) y/o doc­tor (Doc­tor­a­do).

9. ¿Desaparecerán las diplomaturas?

Sí. Ya no habrá ni diplo­mat­uras ni licen­ciat­uras, sino, como en el sis­tema anglosajón, las men­cionadas tit­u­la­ciones de Gra­do (el bach­e­lor inglés) y Postgrado.

10. ¿Qué implicaciones económicas tiene esto?

Impor­tantes. La espe­cial­ización (el segun­do ciclo) ten­drá un pre­cio de entre 1.400 y 2.000 euros por curso.

El Gob­ier­no español está elab­o­ran­do un plan de finan­ciación para la Uni­ver­si­dad, del que no se descar­ta el mod­e­lo mix­to, mez­cla de fon­dos públi­cos y privados

11. ¿Cuáles son las principales críticas?

Los detrac­tores del Plan Bolo­nia desta­can que, en la prác­ti­ca, el sis­tema de crédi­tos intro­duci­do equipara el horario estu­di­antil a un horario lab­o­ral, debido al aumen­to de horas oblig­a­to­rias, e impi­de com­pag­i­nar los estu­dios con un trabajo.

Con respec­to a las nuevas tit­u­la­ciones, quienes se opo­nen al Plan denun­cian que el incre­men­to del gas­to económi­co nece­sario para obten­er las de segun­do ciclo se tra­ducirá en una eli­ti­zación de la Uni­ver­si­dad, ya que no todos los estu­di­antes podrán permitírselo.

En este sen­ti­do, señalan que dejarán de exi­s­tir las actuales becas, que serán susti­tu­idas por las lla­madas becas-prés­ta­mos (prés­ta­mos ban­car­ios a devolver con intere­ses). Tam­bién crit­i­can que el títu­lo de Gra­do será com­pa­ra­ble a la actu­al FP y que supon­drá una for­ma­ción bási­ca y poco espe­cial­iza­da encam­i­na­da a la obten­ción de tra­ba­jadores precarios.

Se crit­i­ca tam­bién que las car­reras que se impar­tan en las uni­ver­si­dades estarán a par­tir de aho­ra basadas en cri­te­rios de pura rentabil­i­dad, estable­ci­dos por la Agen­cia de Eval­u­ación Nacional de Cal­i­dad y Acred­itación (ANECA), lo que con­ll­e­vará la mar­ginación de las car­reras menos téc­ni­cas o «prác­ti­cas».

Algunos críti­cos han señal­a­do tam­bién el hecho de que, más allá de dis­fru­tar de una beca Eras­mus de un año, en España el número de alum­nos que desea estu­di­ar, o tra­ba­jar después, en otros país­es no es lo sufi­cien­te­mente grande como para jus­ti­ficar una refor­ma de estas dimensiones.

Tam­bién se ha denun­ci­a­do que el Plan se aprobó sin el nece­sario debate públi­co previo.

12. ¿Cuál es la crítica de fondo?

La may­oría de las críti­cas con­tra el Plan Bolo­nia denun­cian que las refor­mas intro­duci­das tien­den a la mer­can­tilización del mun­do uni­ver­si­tario y se han hecho aten­di­en­do más a los intere­ses económi­cos de los grandes con­glom­er­a­dos empre­sar­i­ales que a los de la comu­nidad educativa.

Los detrac­tores del Pro­ce­so señalan que el pre­tendi­do obje­ti­vo pos­i­ti­vo de crear un espa­cio común educa­ti­vo esconde la idea de con­ver­tir la uni­ver­si­dad euro­pea en tan sólo una can­tera para las grandes empre­sas, dejan­do a un lado su papel como lugar de for­ma­ción y desar­rol­lo humanos, y pasan­do a ser una mera fábri­ca de indi­vid­u­os váli­dos para el mer­ca­do laboral.

13. ¿Qué argumentan sus defensores?

Los defen­sores del Plan Bolo­nia sostienen que éste mejo­rará las sal­i­das lab­o­rales de los uni­ver­si­tar­ios, ya que sus títu­los estarán recono­ci­dos en todos los país­es fir­mantes, y los nuevos planes de estu­dios estarán más ori­en­ta­dos a la for­ma­ción de pro­fe­sion­ales deman­da­dos por la sociedad, con una may­or especialización.

Con respec­to al sis­tema de crédi­tos, con­sid­er­an que orga­ni­za de un modo más real el tiem­po de los estu­di­antes, estable­cien­do límites de horas y cre­an­do la posi­bil­i­dad de estu­di­ar a tiem­po par­cial para poder tra­ba­jar, matriculán­dose en menos crédi­tos. Tam­bién defien­den que se val­ore más el tra­ba­jo glob­al del alum­no y su ini­cia­ti­va que el hecho de sim­ple­mente asi­s­tir a clases magistrales.

Argu­men­tan asimis­mo que el sis­tema de Gra­do y Post­gra­do es el que fun­ciona actual­mente en la may­oría de los país­es del mundo.

Bási­ca­mente, los defen­sores del Plan entien­den que se tra­ta de una apues­ta estratég­i­ca a medio y largo y pla­zo para mejo­rar la sociedad euro­pea en su con­jun­to a través de la creación de empleo, y medi­ante un sis­tema uni­ver­si­tario más racional y uni­ver­sal. La nue­va sociedad euro­pea, entien­den, nece­si­ta uni­ver­si­tar­ios for­ma­dos más en con­so­nan­cia con las necesi­dades lab­o­rales actuales, más adapt­a­bles y más dis­puestos a cam­biar de lugar y de puesto.

Esta mis­ma sem­ana, el con­se­jero de Uni­ver­si­dades de la Gen­er­al­i­tat de Cataluña, Josep Huguet, advir­tió a los estu­di­antes con­trar­ios al Plan que «la alter­na­ti­va no es nada más que la autar­quía» y «el regre­so a un mod­e­lo de uni­ver­si­dad franquista».

14. ¿Es un tratado de cumplimiento inmediato?

No. Se tra­ta de una declaración políti­ca real­iza­da en torno a diver­sos acuer­dos y com­pro­misos, que establece un pla­zo, has­ta el año 2010, para la con­se­cu­ción del EEES. Con­tem­pla fas­es bien­ales de eje­cu­ción, cada una de las cuales final­iza medi­ante la cor­re­spon­di­ente Con­fer­en­cia Min­is­te­r­i­al, que revisa lo con­segui­do y establece direc­tri­ces para el futuro.

15. ¿Qué países lo han firmado?

La Declaración de Bolo­nia ha sido fir­ma­da, has­ta el momen­to, por 47 país­es. En 1999 lo hicieron Ale­ma­nia, Aus­tria, Bél­gi­ca, Bul­gar­ia, Dina­mar­ca, Esto­nia, Fin­lan­dia, Fran­cia, Gre­cia, Holan­da, Hun­gría, Islandia, Irlan­da, Italia, Leto­nia, Litu­a­nia, Lux­em­bur­go, Mal­ta, Norue­ga, Polo­nia, Por­tu­gal, el Reino Unido, la Repúbli­ca Checa, Rumanía, Eslo­vaquia, Eslove­nia, España, Sue­cia y Suiza. Croa­cia, Chipre, Turquía y Liecht­en­stein la suscri­bieron en 2001. Alba­nia, Andor­ra, Bosnia-Herze­gov­ina, el Vat­i­cano, Mace­do­nia, Rusia y Ser­bia lo hicieron en 2003; Arme­nia, Azer­baiyán, Geor­gia, Mol­davia y Ucra­nia, en 2005 y, final­mente, Mon­tene­gro, en 2007.

Kir­guistán, Israel, Koso­vo y la Repúbli­ca Tur­ca del Norte del Chipre han solic­i­ta­do ser inclu­i­dos en el Pro­ce­so, pero han sido rec­haz­a­dos, los tres primeros, por no fir­mar parte de la Con­ven­ción Cul­tur­al Euro­pea del Con­se­jo de Europa, y el cuar­to, por no ser recono­ci­do como enti­dad políti­ca inde­pen­di­ente por ninguno de los fir­mantes de la Declaración.

16. ¿Cómo se está aplicando en España?

La Ley Orgáni­ca 4/2007 de 12 de abril, que mod­i­ficó la Ley Orgáni­ca de Uni­ver­si­dades (LOU), de 2001, sen­tó las bases en nue­stro país de cara a la ple­na inte­gración del sis­tema uni­ver­si­tario español en el EEES. Antes, en sep­tiem­bre de 2003, el Con­se­jo de Min­istros ya había aproba­do el nue­vo Sis­tema Europeo de Crédi­tos y el de Cal­i­fi­ca­ciones en las tit­u­la­ciones uni­ver­si­tarias, y en octubre del año pasa­do hizo lo pro­pio con el de Orde­nación de las Enseñan­zas Uni­ver­si­tarias, que fija la nue­va estruc­tura euro­pea de títulos.

En España, la apli­cación del Pro­ce­so de Bolo­nia, cuya primera expe­ri­en­cia pilo­to se llevó a cabo en la Uni­ver­si­dad de Mur­cia, en el cur­so 2005–2006, tenía pre­vis­to que a par­tir del pre­sente cur­so 2008–2009 empeza­sen a desa­pare­cer las licen­ciat­uras y diplo­mat­uras actuales. No obstante, has­ta 2015 los uni­ver­si­tar­ios que cursen estu­dios ante­ri­ores al Plan Bolo­nia podrán ele­gir entre con­tin­uar en el rég­i­men en el que comen­zaron u optar por el nue­vo modelo.

Los estu­dios de Gra­do se com­ple­tarán en nue­stro país en cua­tro cur­sos lec­tivos y 240 crédi­tos, excep­to Arqui­tec­tura, con 300 crédi­tos y Med­i­c­i­na, con 360.

Para acced­er a los estu­dios de Mas­ter, que decide cada uni­ver­si­dad, será impre­scindible el títu­lo de Gra­do y haber super­a­do un mín­i­mo de 60 crédi­tos y un máx­i­mo de 120.

El ter­cer ciclo, o estu­dios de Doc­tor­a­do (entre 3 ó 4 años), incluye un peri­o­do de for­ma­ción y otro de inves­ti­gación, requiere la pre­sentación de la tesis doc­tor­al y es impre­scindible haber super­a­do un mín­i­mo de 300 crédi­tos entre el primer y segun­do ciclo, con el req­ui­si­to de que un mín­i­mo de 60 cor­re­spon­dan a enseñan­zas de Postgrado.

17. ¿Qué carreras habrá en España?

Para el pre­sente cur­so 2008–2009 esta­ba pre­vis­to que pudier­an cur­sase en España un total de 162 car­reras, cor­re­spon­di­entes a las ramas de Artes y Humanidades, Cien­cias, Cien­cias de la Salud, Cien­cias Sociales y Jurídi­cas e Inge­niería y Arqui­tec­tura, todas ellas adap­tadas a la UE y val­i­dadas por la men­ciona­da Agen­cia Nacional de Eval­u­ación de la Cal­i­dad y Acred­itación (ANECA), con el vis­to bueno del Con­se­jo de Universidades.

De las 162 car­reras dis­eñadas por las uni­ver­si­dades, 92, es decir, el 57%, las impar­tirán 17 uni­ver­si­dades pri­vadas y de la Igle­sia, y 16 públi­cas impar­tirán el resto.

18. ¿Qué es la ANECA?

La Agen­cia Nacional de Eval­u­ación de la Cal­i­dad y Acred­itación depende del Min­is­te­rio de Cien­cia e Inno­vación, fue crea­da en 2002 y tiene la mis­ión de eval­u­ar, cer­ti­ficar y acred­i­tar las enseñan­zas supe­ri­ores, los pro­fe­sores y las instituciones.

19. ¿Cuáles han sido y son las principales protestas?

Man­i­festa­ciones, huel­gas, encier­ros… Estu­di­antes de toda España han sali­do a la calle en con­tra del nue­vo mod­e­lo uni­ver­si­tario, si bien las may­ores protes­tas, que han explota­do en las últi­mas sem­anas, se han cen­tra­do, sobre todo, en Grana­da, Barcelona, Mur­cia, Sevil­la y Madrid.

En abril y mayo de este año un grupo de estu­di­antes de la Uni­ver­si­dad Autóno­ma de Barcelona fueron expe­di­en­ta­dos tras asaltar el despa­cho del rec­tor durante las protes­tas. Podrían ser expul­sa­dos de la Uni­ver­si­dad por un peri­o­do de has­ta once años.

En Madrid, en la Fac­ul­tad de Filosofía de la Uni­ver­si­dad Com­plutense, 200 estu­di­antes per­manecieron encer­ra­dos entre abril y junio. En la Uni­ver­si­dad de Barcelona más de 300 estu­di­antes seguían dur­mien­do has­ta este viernes en pasil­los y aulas de seis fac­ul­tades. En la Autóno­ma de Barcelona 160 alum­nos de Filosofía y Letras y de Comu­ni­cación real­iz­a­ban «piquetes infor­ma­tivos» y prác­ti­ca­mente habían par­al­iza­do la activi­dad en los cen­tros. En Valen­cia, esta sem­ana había todavía encier­ros en siete cen­tros de la Uni­ver­si­dad: His­to­ria, Filosofía, Filología, Med­i­c­i­na y Psicología.

En algu­nas de estas man­i­festa­ciones se han pro­duci­do duros enfrentamien­tos entre los estu­di­antes y la Policía.

Fuera de España tam­bién ha habido numerosas protes­tas, las más impor­tantes, en Gre­cia, donde el Gob­ier­no se ha lle­ga­do a plantear una revisión a fon­do de la reforma.

Con­tra el Pro­ce­so de Bolo­nia se han man­i­fes­ta­do no sólo los estu­di­antes, sino tam­bién pro­fe­sores y políticos.

20. ¿Qué postura tiene el Gobierno?

El Gob­ier­no, al igual que los prin­ci­pales par­tidos políti­cos, apoya el Plan. No obstante, y según infor­mó el diario El País, el Ejec­u­ti­vo ha acce­di­do a revis­ar las «cues­tiones que no estén fun­cio­nan­do bien» y «está abier­to a realizar cier­tos cam­bios», como la elim­i­nación del exce­so de doc­u­mentación que pide a los cen­tros la ANECA para apro­bar las nuevas tit­u­la­ciones, o la revisión de los equipos de eval­u­ación que las realizan.

Por su parte, y según señaló el men­ciona­do diario, la min­is­tra de Cien­cia e Inno­vación, Cristi­na Gar­men­dia, man­ten­drá en los próx­i­mos días un encuen­tro con los rec­tores de los cin­co cen­tros uni­ver­si­tar­ios más afec­ta­dos, y el día 4 se ha con­vo­ca­do, además, una sesión extra­or­di­nar­ia de Con­se­jo de Uni­ver­si­dades para abor­dar el problema.

Gar­men­dia afir­mó el pasa­do día 17 que la implantación del EEES en España, «no supon­drá la mer­can­tilización de las uni­ver­si­dades». «Yo les pre­gun­taría a los estu­di­antes: ¿Te gus­taría ten­er que estar dos años para homolog­ar tu títu­lo en un país difer­ente al tuyo?», dijo.