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Miguel Máiquez, 25/02/2009

Robert Doisneau ha perdido su cámara. No la encuentra. La ha buscado por todas partes, en las estanterías, en los armarios, en sus bolsos de viaje. Ha revuelto todos los cajones cien veces y ha mirado hasta debajo de la cama. Ha tenido que salir a la calle sin ella.

Al principio, era como estar desnudo.

Como andar desnudo por la calle, o bajo la lluvia. Como si todo transcurriese más despacio.

Ahora, sin embargo, ya no la echa de menos. Casi puede sentir su peso, y el tacto de la correa de cuero alrededor del cuello. Pero ya no la echa de menos.

Recorre las calles, entra en los bares y en las tiendas, en las aulas y en las casas; habla con la gente, mira el río y se deja llevar de un lado a otro por el juego de los niños.

De un lado a otro.

Despega con la luz de la mañana y aterriza en las miradas de los enamorados, en las mesas de los cafés, en los vasos de vino, en las arrugas de los viejos.

En los ojos de las señoras y en los de las prostitutas. En las manos de los músicos y en las de las peluqueras.

Un perro, una botella, un reloj y una esquina. Un rayo de sol y una barra de pan. Todas las fotos están ahí, como cada día, como siempre, saliéndole al paso.

Fija la mirada, enfoca y se graba un pedazo de vida en la retina. Luego cierra los ojos durante unos segundos y la imagen se queda dentro.

No hay diferencia.

Qué libertad más deliciosa. ¿Habrán sentido alguna vez lo mismo Capa y Bresson? No lo sabe, pero juraría que sí.

Claro que sí.

Todas las fotografías en esta entrada son de Robert Doisneau (1912–1994). De arriba a abajo: Autorretrato (1947, imagen superior, detalle), Le clavier (1953), Un musician sûr la pluie (1966), La pendule (1957), Un regard oblique (1948), La sonnette (1934), Les enfants de la Place Hébert (1957), L’accordéoniste (1951), Les coiffeuses (1966), Creatures de rêve (1952), Le fox-terrier au Pont des Arts (1953), Le pigeon indiscret (1964), Jardins de Luxembourg (1953), Les vingt ans de Josette (1945) y, de nuevo, Autorretrato.


Miguel Máiquez, 25/2/2009
Archivado en Están todos vivos
En el relato: Robert Doisneau

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3 comentarios

  • juanjomar dice:

    Es curioso que hace unas horas tenía en mis manos una agenda con fotos de Doisneau y ahora me lo encuentro aquí. ¿Cuantas posibilidades hay de que se crucen dos miradas? ¿alguien lo sabe? ¿y qué significa? Un abrazo, seguiré leyendo-te.

  • Daniel dice:

    La del chiquito con el pan es de Willy Ronis no de Robert Doisneau.

  • Miguel dice:

    Tienes toda la razón, Daniel. Corregido. Muchas gracias por el aviso.

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