En la orilla del océano cósmico

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16 de oc­tu­bre, 2033

Querido Carl

Llegó el gran día.

Han pasado 70 años desde que partió la Pioner 10 con nuestro primer mensaje en una botella, 55 años desde que lanzamos la Voyager con el segundo, doce desde que recibimos la primera señal, nueve desde que fuimos al fin capaces de responder…

Y 37 años desde que tú te fuiste.

He sacado una vieja mecedora al porche de la casa donde vivo desde el verano pasado, junto a un pequeño observatorio que construí yo mismo, en pleno campo. En los últimos días ha bajado mucho la temperatura, así que te escribo envuelto en una pesada manta de lana.

Hace una noche maravillosa (¿no lo son todas, acaso?). Hay luna nueva y ni una sola nube. La visión de las estrellas es sencillamente abrumadora.

Como podrás imaginar, el despegue de mañana se va a retransmitir en directo a todo el planeta. A diferencia de cuando aún estabas tú entre nosotros, la frase tiene en nuestros días un sentido literal: Los grandes acontecimientos se retransmiten a cada persona, a todas las personas. Sólo tienes que ‘encenderte’, si lo deseas. Te gustaría.

Yo, sin embargo, he preferido seguirlo por la vieja radio de mi bisabuelo, un precioso aparato de otro tiempo que aún funciona como el primer día. Siempre me ha fascinado la radio. No he sido capaz de pensar en nada mejor.

También he comprado una botella de vino. Para celebrarlo, para brindar contigo.

Porque me niego a pensar que no sepas lo que está ocurriendo, estés donde estés. Me niego a pensar que no vas a ser testigo, también tú, sobre todo tú, de la inmensa revolución en nuestras mentes y en nuestras vidas que va a comenzar mañana mismo, dentro de tan sólo unas horas.

Nos han ivitado, Carl, nos han invitado, y vamos a ir. En son de paz. Arrastrándonos desde los restos castigados de esta Tierra moribunda en la que sobrevivimos a duras penas. Para decir hola, para pedir ayuda, para compartir lo que somos, lo que hemos sido y lo que seremos, nuestras interminables miserias y nuestras infinitas grandezas.

Porque leyeron tus mensajes, amigo, encontraron tus botellas, descifraron tus sueños…

Va a ser un viaje largo, muy largo, pero eso ya no importa. Serán nuestros hijos, o los hijos de nuestro hijos, pero igualmente seremos todos nosotros, incluido tú.

Ahora estamos ya, por fin, juntos. Unidos y juntos.

Un abrazo, Carl.


Carl Sagan concibió el proyecto de enviar un mensaje inalterable al espacio, más allá del Sistema Solar, que pudiera ser entendido por una posible civilización extraterrestre capaz de interceptarlo en un futuro. El primer mensaje así enviado fue una placa de oro en la sonda Pioneer. Posteriormente se envió un disco de oro en las sondas Voyager y el mensaje de Arecibo.

Carl Sagan (1934-1996)
Carl Sagan (1934-1996)

“El cosmos es todo lo que es, o todo lo que fue, o lo que será alguna vez… La contemplación del cosmos nos conmueve, es como un hormigueo en la columna vertebral o en la voz, una débil sensación, como el recuerdo lejano de caer desde lo alto: Sabemos que nos acercamos al mayor de los misterios. El tamaño y la edad del cosmos están mas allá del entendimiento humano. Perdido en algún lugar entre la inmensidad y la eternidad está nuestro pequeño hogar terrestre.

“Por primera vez podemos decidir nuestro destino y el del planeta. Vivimos una época de grandes riesgos, pero nuestra especie es joven, curiosa y valiente. Es prometedora.

“En los últimos milenios hemos hecho descubrimientos asombrosos sobre el cosmos y nuestro lugar en él. Creo que nuestro futuro dependerá de nuestra comprensión de este cosmos en el que flotamos como una mota de polvo en el cielo de la mañana […].

“La superficie de la Tierra es la orilla del océano cósmico. Desde aquí aprendimos todo lo que sabemos. Recientemente hemos vadeado un poquito, nos hemos mojado hasta los tobillos… Y el agua parece invitarnos. Alguna parte de nosotros sabe que venimos de allí. Anhelamos regresar. Y podemos hacerlo, porque el cosmos está dentro de nosotros. Estamos hechos de estrellas. Somos una de las formas que tiene el cosmos para conocerse.”

Carl Sagan (introducción del primer capítulo de la serie “Cosmos”, 1978)

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