Del Che a Ruiz Zafón, 50 años vendiendo libros en español en Montreal

En 1966, con­fian­do en el tirón de la Exposi­ción Uni­ver­sal que iba a cel­e­brarse al año sigu­iente en Mon­tre­al, Fran­cis­co González, un sevil­lano «de espíritu aven­turero», hizo las male­tas y, tras una estancia en París en la que cono­ció a quien acabaría sien­do su esposa, puso rum­bo a Canadá para empren­der una nue­va vida. Como a tan­tos otros emi­grantes, antes y aho­ra, al prin­ci­pio no le quedó otra que tra­ba­jar en la hostel­ería. Deci­di­do a ampli­ar sus estu­dios, sacó tiem­po para matric­u­larse en los cur­sos noc­turnos de la pres­ti­giosa Uni­ver­si­dad de McGill. Es allí donde se da cuen­ta de la difi­cul­tad con que se encuen­tran los alum­nos a la hora de con­seguir libros en español. Fran­cis­co vuelve entonces a Madrid y, «con su bue­na pres­en­cia y su pal­abr­ería», con­vence a unas cuan­tas edi­to­ri­ales. Regre­sa a Mon­tre­al, alquila un pequeño local y mon­ta una tien­da, casi un chirin­gui­to, al lado de la Uni­ver­si­dad. Era el ver­a­no de 1972 y acaba­ba de nac­er la libr­ería Las Américas.

La his­to­ria la cuen­ta Pilar Marín, nuera de Fran­cis­co, sevil­lana como él, y actu­al direc­to­ra de la libr­ería. Casi cin­cuen­ta años después, y deja­do ya atrás aquel primer peri­o­do en el que el val­or del nego­cio era «inex­is­tente», Las Améri­c­as es actual­mente la may­or libr­ería espe­cial­iza­da en libros en español de Canadá.

No en vano, el español es ya la ter­cera lengua más habla­da en la francó­fona Que­bec. «Todo el mun­do quiere apren­der­lo», expli­ca Pilar, «no solo los estu­di­antes». «Des­de direc­tivos de grandes empre­sas que invierten cada vez más en Lati­noaméri­ca, has­ta tur­is­tas que van, o iban, al sur de vacaciones».

El matiz de Pilar, ese «o iban», se refiere, claro está, a la pan­demia del coro­n­avirus: «Es ter­ri­ble. En estas fechas, por ejem­p­lo, es cuan­do los pro­fe­sores vienen con sus encar­gos, y tuvi­mos que cer­rar, dos meses ya… Seguimos como podemos, por Inter­net, por telé­fono». De momen­to van tiran­do con un prés­ta­mo del Gobierno.

El parón académi­co es impor­tante. Los libros rela­ciona­dos con el apren­diza­je del español con­sti­tuyen, de hecho, 80% de las ven­tas. «La gente lee muy poca lit­er­atu­ra, cada vez menos —se lamen­ta Pilar—. Se descar­ga mucho por Inter­net para los via­jes, pero poco más; el bom­bardeo con­tin­uo de tex­tos cor­tos desvía el interés».

El 20% restante (fic­ción, ensayos, biografías), y su evolu­ción a lo largo de las décadas, es un buen refle­jo de cómo ha ido cam­bian­do la comu­nidad his­panoh­ab­lante en Canadá con las difer­entes oleadas migra­to­rias: españoles en los 60, chilenos y argenti­nos en los 70, cen­troamer­i­canos en los 80… No leen lo mis­mo los exil­i­a­dos políti­cos que los refu­gia­dos o los inmi­grantes económicos.

Como expli­ca Fran­cis­co Her­mosín, librero de Las Améri­c­as, y otro andaluz apa­sion­a­do por los libros, «antes se vendían más obras que tenían que ver con la real­i­dad sociopolíti­ca del momen­to, Roque Dal­ton, Cabr­era Infante, Reinal­do Are­nas, el Che, Rigob­er­ta Menchú… Aparte de con­sagra­dos españoles como Delibes. Aho­ra, nue­stro últi­mo boom políti­co fue la tra­duc­ción de la biografía de Michelle Oba­ma, y, en cuan­to a fic­ción, Ruiz Zafón, Pérez-Reverte, María Dueñas y Julia Navar­ro, jun­to a los que siem­pre per­sis­ten, Gar­cía Márquez e Isabel Allende».

¿Y los clási­cos? ¿Cer­vantes, Lope? Los escasísi­mos que se venden son reduc­to de, en pal­abras de Fran­cis­co, «unas cuan­tas almas, pre­cisa­mente, qui­jotescas». «Ten­emos cien­tos de libros de Cát­e­dra que esta­mos ven­di­en­do a mitad de pre­cio porque aquí no fun­cio­nan», expli­ca. Ocurre algo seme­jante con los ensayos, com­pra­dos sobre todo por lec­tores francó­fonos o angló­fonos que han apren­di­do español y se intere­san por la cul­tura hispana.

En cualquier caso, la rev­olu­ción dig­i­tal ha cam­bi­a­do el paisaje por com­ple­to: «Hoy pri­ma el entreten­imien­to, y los gus­tos son mucho más homogé­neos», indi­ca Fran­cis­co. «Antes el librero tenía capaci­dad de pre­scrip­ción, hoy el lec­tor viene ya con una idea pre­con­ce­bi­da», añade.

En el diag­nós­ti­co de una sociedad cada vez menos lec­to­ra de libros coin­cide la cubana Sonia Álvarez, propi­etaria de Span­ish Books, otra libr­ería de libros en español en Toron­to. Sonia apun­ta una difi­cul­tad extra: «A los his­panoh­ab­lantes no les gus­ta com­prar por Inter­net». En su libr­ería, y qui­tan­do a la omnipresente Allende, los número uno son, prin­ci­pal­mente, españoles (Ilde­fon­so Fal­cones, Almu­de­na Grandes), y lo más deman­da­do, la nov­ela históri­ca, el género negro y la autoayuda.

La clien­tela de Sonia es una mues­tra de quién com­pra lit­er­atu­ra en español en Canadá: «His­panoh­ab­lantes asid­u­os que bus­can novedades, cana­di­ens­es que via­jan a Lati­noaméri­ca, y padres que bus­can libros infan­tiles para que sus hijos no pier­dan el idioma. Cuan­do lle­gan a Har­ry Pot­ter leen ya en inglés».


Pub­li­ca­do en el No. 8 de la revista Archile­tras (julio-sep­tiem­bre 2020)

Canadá: Se busca profesor de español… no español

«Llam­a­ba para saber si tenés algún prob­le­ma con la foto­copi­ado­ra»… Durante var­ios días estuve imi­tan­do lo mejor que pude a Diego Arman­do Maradona, enca­ja­do en el cubícu­lo de un cen­tro de aten­ción tele­fóni­ca de Toron­to dirigi­do a clientes de Lati­noaméri­ca. El moti­vo no era una desmesura­da admiración por el astro argenti­no, sino algo bas­tante menos román­ti­co. El incon­fundible acen­to de Maradona fue, a saber por qué, lo úni­co que me vino a la cabeza en la primera lla­ma­da, y pare­ció dar el pego, algo esen­cial tenien­do en cuen­ta que, nada más lle­gar, me habían deja­do claro que mi español era «muy de España», que los clientes «pre­fieren el español lati­no», y que lo mis­mo íbamos a ten­er un prob­le­ma. No me expli­caron por qué, pero imag­i­no que la sen­sación de cer­canía que se supone que teníamos que dar qued­a­ba algo dilu­i­da si la lla­ma­da parecía pro­ced­er del otro lado del char­co (aunque, en real­i­dad, estu­viése­mos en Canadá). «No hay prob­le­ma», con­testé. Al final sí que lo hubo, pero eso es otra historia.

En Canadá en gen­er­al, y en Toron­to, la ciu­dad más mul­ti­cul­tur­al del plan­e­ta según la ONU, en par­tic­u­lar, se escucha mucho español. No tan­to, des­de luego, como en Esta­dos Unidos, pero cada vez más. Y el español que se escucha es, aunque solo sea por las obvias razones de la geografía, el español de Lati­noaméri­ca. Los lati­nos (una denom­i­nación no demasi­a­do especí­fi­ca en la que se incluyen, en gen­er­al, los his­panoh­ab­lantes del con­ti­nente amer­i­cano) rep­re­sen­tan actual­mente en torno al 1,3% de la población total cana­di­ense. Según el últi­mo cen­so ofi­cial del país, de 2017, eso supone cer­ca de medio mil­lón de per­sonas que se iden­ti­f­i­can a sí mis­mas como lati­noamer­i­canos, con el prin­ci­pal ori­gen en Méx­i­co, segui­do de cer­ca por Colom­bia y, a may­or dis­tan­cia, por El Sal­vador, Perú, Chile, Venezuela y Argenti­na, en ese orden.

Mien­tras, en 2018 había exac­ta­mente 16.787 españoles reg­istra­dos como res­i­dentes en Canadá, de acuer­do con datos ofi­ciales del Insti­tu­to Nacional de Estadís­ti­ca. La cifra no incluye a tur­is­tas ni a estu­di­antes, que, sobre todo en ver­a­no, ele­van con­sid­er­able­mente la can­ti­dad de zetas, vosotros y pretéri­tos per­fec­tos que puede uno cazar en el metro, pero aun así, no hay color.

Todo esto tiene un refle­jo inevitable en el español que se enseña aquí, al menos en lo que respec­ta a las acad­e­mias pri­vadas, en la may­oría de las cuales la nor­ma no escri­ta es dar pre­pon­der­an­cia a las vari­antes lati­noamer­i­canas del castel­lano, o, al menos, a cier­to español lati­no están­dar, ya que, al igual que en la Penín­su­la, tam­bién en este lado del Atlán­ti­co son muchos los españoles que se hablan.

Aparte del hecho de que la comu­nidad his­panoh­ab­lante en Canadá sea may­ori­tari­a­mente lati­na, Javier Aiz­er­sztein, direc­tor del Span­ish Cen­tre, la may­or acad­e­mia de español del país, da otras dos razones por las que en sus escue­las se deja de lado el español europeo: «Por un lado, las conex­iones más impor­tantes de Canadá son norte-sur, y la gente que quiere apren­der español lo nece­si­ta, a menudo, para hac­er nego­cios con Méx­i­co, Chile, Perú, Argenti­na, el Caribe… Pocas veces con España. Por otro, hay que pen­sar tam­bién en los des­ti­nos de los cana­di­ens­es cuan­do se van de vaca­ciones: Cuba, Méx­i­co…». «Se opta por un español muy genéri­co: no enseñamos el vosotros, pero tam­poco el vos», aclara.

Con­viene no olvi­dar, en cualquier caso, que de los alrede­dor de 500 mil­lones de hablantes nativos de español que hay en el mun­do, solo unos 46 mil­lones usan el español de España.

El mun­do uni­ver­si­tario es, sin embar­go, más flex­i­ble. Actual­mente se imparten 76 tit­u­la­ciones en el área de Lengua y Lit­er­atu­ra españo­las en 42 uni­ver­si­dades de Canadá, y el español se enseña como lengua inter­na­cional en prác­ti­ca­mente cada una de las 94 uni­ver­si­dades cana­di­ens­es. Yolan­da Igle­sias, pro­fe­so­ra aso­ci­a­da en el Depar­ta­men­to de Español de la Uni­ver­si­dad de Toron­to (la que tiene más alum­nos del país), expli­ca que en esta insti­tu­ción «no hay ses­go» a la hora de enseñar el idioma: «Cada pro­fe­sor es libre de enseñar la vari­ante que quiera, y a los alum­nos, por supuesto, no se les cor­rige si usan una u otra», señala. «Muchas veces ter­mi­namos enseñan­do las dos, tam­poco hay tan­tas difer­en­cias», añade. De hecho, su depar­ta­men­to ha edi­ta­do recien­te­mente un tra­ba­jo en el que se com­paran var­ios tex­tos escritos en las difer­entes modal­i­dades de la lengua. «Muy enrique­ce­dor», indi­ca Iglesias.

Con­seguir un puesto como pro­fe­sor en la Uni­ver­si­dad de Toron­to tal vez sea más com­pli­ca­do que encon­trar empleo en un cen­tro de tele­mar­ket­ing (o, mejor, tele­mer­cadeo), pero al menos no ten­dría que imi­tar a Maradona.


Pub­li­ca­do en el No. 4 de la revista Archile­tras (julio-sep­tiem­bre 2019)

Espanola, la remota localidad canadiense que olvidó su pasado y perdió su eñe

Situ­a­da a oril­las del río Span­ish, y a solo 40 kilómet­ros de otra población lla­ma­da tam­bién Span­ish, la remo­ta local­i­dad de Espanola, en la provin­cia cana­di­ense de Ontario, no con­ser­va, sin embar­go, ni una huel­la de su supuesto pasa­do español más allá de su nom­bre, un nom­bre que ni siquiera ha logra­do man­ten­er la eñe en su denom­i­nación oficial.

La actu­al Espanola, con sus cer­ca de 5.000 habi­tantes (el tamaño de Chinchón, en Madrid), es un tran­qui­lo pueblo cer­ca del lago Hurón, en una espec­tac­u­lar zona boscosa que alber­ga has­ta dos par­ques nat­u­rales; una pequeña local­i­dad en una región a la que no lle­garon jamás, que se sepa, los con­quis­ta­dores españoles, y en la que tam­poco existe hoy, ni exis­tió en el pasa­do, ningu­na comu­nidad rel­e­vante de emi­gra­dos que jus­ti­fique su pecu­liar toponimia.

A fal­ta de doc­u­men­tos ofi­ciales o cróni­cas con­trastadas, para dar con el ori­gen de su nom­bre no hay más reme­dio que acud­ir a la leyen­da, una leyen­da cuyo úni­co tes­ti­mo­nio escrito lo recogió en el libro Espanola on the Span­ish, pub­li­ca­do en 1989, George R. Mor­ri­son, un vet­er­a­no de la Segun­da Guer­ra Mundi­al, emplea­do fore­stal, pro­fe­sor en el insti­tu­to local y apa­sion­a­do por la his­to­ria de su pueblo, que fal­l­e­ció en 2005 a los 85 años.

Según Mor­ri­son, a medi­a­dos del siglo XVII explo­radores de la Primera Nación Ojib­wa, uno de los gru­pos étni­cos orig­i­nar­ios de Canadá más impor­tantes, partieron hacia el sur des­de la desem­bo­cadu­ra del río Span­ish, cer­ca de la actu­al Sud­bury, en direc­ción a lo que hoy en día es Esta­dos Unidos. Tras una larga mar­cha, el grupo con­sigu­ió aden­trarse en una zona que forma­ba parte por entonces de las perte­nen­cias españo­las en Améri­ca del Norte (el Vir­reina­to de Nue­va España llegó a abar­car, además de Méx­i­co y las Antil­las, los actuales Nue­vo Méx­i­co, Ari­zona, Texas, Cal­i­for­nia, Neva­da, Flori­da, Utah, Luisiana, Wyoming, Kansas, Okla­homa y parte de Colorado).

A par­tir de ahí, la leyen­da entron­ca con otras his­to­rias de asim­i­lación, mes­ti­za­je e inter­cam­bios, libres o forza­dos, que tan­to han inspi­ra­do a la lit­er­atu­ra y el cine, des­de Un hom­bre lla­ma­do cabal­lo a Bai­lan­do con lobos. Según el rela­to, los indí­ge­nas regre­saron de su via­je trayen­do con­si­go «una mujer blan­ca que habla­ba español». Esta «españo­la» acabó casán­dose con uno de los jefes locales y enseñó a sus hijos a hablar castel­lano. Con el tiem­po, otros miem­bros de la comu­nidad aprendieron tam­bién algu­nas pal­abras… Cuan­do, décadas más tarde, expe­di­cionar­ios france­ses (prob­a­ble­mente Coureurs des bois, como se conocía en Nue­va Fran­cia a los primeros com­er­ciantes de pieles) lle­garon a este asen­tamien­to, des­cubrieron sor­pren­di­dos que muchos de los nativos uti­liz­a­ban con nor­mal­i­dad expre­siones españo­las. Los france­ses deci­dieron lla­mar al lugar Espag­nole, y el nom­bre acabó con­vir­tién­dose en Espanola cuan­do, tras el Trata­do de París de 1763, los británi­cos se hicieron con la total­i­dad de Ontario. El río que atraviesa el ter­ri­to­rio pasó a denom­i­narse, a su vez, Span­ish Riv­er (Río Español).

La mod­er­na Espanola, sin embar­go, no se fun­daría has­ta prin­ci­p­ios del siglo XX, cuan­do, aprovechan­do la abun­dante madera de la zona y los recur­sos del río, una fil­ial de la Mead Cor­po­ra­tion abrió una fábri­ca de pul­pa y papel en el lugar y lev­an­tó un cam­pa­men­to para sus emplea­d­os. El pueblo cre­ció ráp­i­da­mente y pron­to se con­vir­tió en un destaca­ble cen­tro urbano con un hotel, una escuela y has­ta un teatro. De esta época, la ciu­dad guar­da, no obstante, un triste recuer­do. El 21 de enero de 1910, un tren de pasajeros de la Cana­di­an Pacif­ic Rail­way descar­riló a 10 kilómet­ros al este de Espanola, y uno de los vagones cayó a las aguas heladas del río. Murieron 43 per­sonas, en el que sigue sien­do uno de los peo­res acci­dentes en la his­to­ria de la com­pañía ferroviaria.

La Gran Depre­sión de los años trein­ta se llevó por delante la fábri­ca, con­vir­tien­do Espanola en una ciu­dad fan­tas­ma, pero durante la Segun­da Guer­ra Mundi­al la local­i­dad albergó un cam­po de pri­sioneros ale­manes, y eso volvió a situ­ar­la en el mapa. En 1946 la ya extin­ta Kala­ma­zoo Veg­etable Parch­ment Com­pa­ny reabrió la fac­toría y, diez años después, Espanola se con­sti­tuyó legal­mente como ciu­dad. La fábri­ca, que pertenece actual­mente a Dom­tar, una empre­sa líder en pro­duc­ción de papel, sigue sien­do la prin­ci­pal fuente de empleo de la local­i­dad. Como en muchas otras ciu­dades de Ontario, el nom­bre de la población puede verse escrito en grandes letras sobre la super­fi­cie del depósi­to de agua cuya enorme altura dom­i­na el paisaje: Espanola, sin eñe, como un hom­e­na­je fal­li­do al empeño por que no se perdiera la lengua de sus padres de una mujer que exis­tió hace sig­los… O no.


Pub­li­ca­do en el No. 1 de la revista Archile­tras (octubre-diciem­bre 2018)

La esperanza en una botella de vino

Siem­pre me ha gus­ta­do cruzar fron­teras, a pesar de que nun­ca he creí­do en ellas. Las fron­teras son el exo­tismo román­ti­co de un pas­aporte lleno de sel­l­os, el mapa arru­ga­do en el bol­sil­lo, la adren­a­li­na de estar aven­turán­dose en algo nue­vo, el via­je. Pero tam­bién, procuro no olvi­dar­lo, un absur­do abso­lu­to, el autén­ti­co cáncer de nues­tra civ­i­lización, el ori­gen de muchos de nue­stros males y, cada vez más, un tremen­do incordio.

Tal vez por eso, cuan­do, allá por 1994, decidí que había lle­ga­do el momen­to de coger los bár­tu­los y cruzar unas cuan­tas, ni se me ocur­rió coser en la tela de mi mochi­la una ban­dera del país donde nací. Lo que cosí, o me cosió mi madre, para ser exac­tos, fue un escu­do de mi ciu­dad, un escu­do de Mur­cia (la Región me qued­a­ba aún algo aje­na). Has­ta ahí lle­ga­ba, más o menos, mi sen­timien­to de perte­nen­cia a una enti­dad políti­ca, en la con­vic­ción de que, con un par de excep­ciones, las cosas para las que creemos nece­si­tar organ­is­mos admin­is­tra­tivos supe­ri­ores no son ni nece­sarias ni, gen­eral­mente, bue­nas. Me gus­ta pertenecer a una cul­tura (españo­la, ibéri­ca, mediter­ránea, euro­pea, lati­na); me car­ga pertenecer a un país. Mejor mi tier­ra que mi patria, grande o chica.

En fin, además del escu­do, en la mochi­la tam­bién llevé, estoy seguro, un ejem­plar de La Opinión, el per­iódi­co en el que había tra­ba­ja­do durante cer­ca dos inter­rumpi­dos años, y al que volvería después de mi regre­so para tra­ba­jar otros cin­co años más, siem­pre pega­do a la actu­al­i­dad de la Región más de ver­dad, la más real, la de sus pueb­los, sus comar­cas, sus municipios.

Des­de entonces han pasa­do ya casi dos décadas, que se dice pron­to, y aho­ra vivo en otra ciu­dad, Toron­to, a miles de kilómet­ros de dis­tan­cia y con otros per­iódi­cos, pero en mi mochi­la sigue el mis­mo escu­do, y en los favoritos de mi nave­g­ador, el mis­mo diario.

Los inten­sos e inolvid­ables años que pasé en La Opinión me apor­taron muchas cosas. En primer lugar, grandes com­pañeros y grandes ami­gos; en segun­do, un apren­diza­je pro­fe­sion­al (de lo bueno y de lo malo de este mar­avil­loso ofi­cio) que aún me ali­men­ta; en ter­cer lugar, una for­ma nue­va de mirar mi ciu­dad, mi región, mi tier­ra; una mira­da más con­sciente, más críti­ca y, a la vez, más per­son­al, más compasiva.

La dis­tan­cia es un arma de doble filo. Las pocas noti­cias de Mur­cia que lle­gan has­ta aquí, es decir, las malas noti­cias, refle­jan un panora­ma des­o­lador. Y a la vez, sin embar­go, es más fácil rel­a­tivizar las cosas, ver­las con per­spec­ti­va. Cuan­do uno está lejos, una his­to­ria de esper­an­za, de sol­i­dari­dad, de superación, por pequeña sea, per­manece durante más tiem­po en la memo­ria, resiste mejor el embite inmis­eri­corde de las noti­cias del día sigu­iente. Y, al final, son esas his­to­rias las que van con­struyen­do poco a poco el futuro.

Des­de que vivo en Canadá he tenido que dibu­jar innu­mer­ables veces, gen­eral­mente en servil­letas de bar, un mapa de España con la Región de Mur­cia gara­batea­da ahí, en la esquina. Pocos saben de qué estoy hablan­do cuan­do digo de dónde soy, de dónde ven­go. Como mucho ven que está cer­ca del mar, adiv­inan buen tiem­po, mucho sol, bue­na comi­da, y ponen cara de envidia. Y en algu­nas oca­siones casi es mejor así. Porque para los más enter­a­dos, para aque­l­los que se pre­ocu­pan por las mis­mas cosas que me pre­ocu­pan a mí, la ref­er­en­cia inmedi­a­ta no es pre­cisa­mente bue­na y se resume, aún hoy, en una triste pal­abra: ladrillazo.

Y, sin embar­go, te invi­tan a una cena, vas a com­prar algo para no lle­gar con las manos vacías y, de pron­to, encuen­tras, en un rincón del estante, un vino de Yecla. Y lo coges, claro. Y pien­sas que en esa humilde botel­la hay más de lo que parece, más que un buen vino a un buen pre­cio. Porque alguien, a miles de kilómet­ros, se empeña en seguir luchan­do por pros­per­ar, por salir ade­lante, por hac­er su tra­ba­jo lo mejor posi­ble y por lograr colo­car su pro­duc­to, grande o pequeño, como sea y donde sea (el 90% del vino yeclano se vende fuera de España, y la may­oría, en Canadá y Esta­dos Unidos). Y porque, por muy mal que estén las cosas, a pesar de la inde­cente medioc­ridad de los políti­cos, a pesar de los ter­cos nubar­rones de esta cri­sis que no escam­pa, del desem­pleo bru­tal, de los recortes, a pesar, sobre todo, de las fron­teras, físi­cas y men­tales, esa botel­la ha logra­do lle­gar has­ta aquí, y al abrir­la a uno le gus­ta pen­sar que viene de una tier­ra donde la gente no se rinde fácilmente.

Tal vez por eso insis­to en respon­der «de Mur­cia», en lugar de «del sur», o algo pare­ci­do, cuan­do me pre­gun­tan que de qué parte de España soy. Y tal vez tam­bién por eso sigo leyen­do La Opinión siem­pre que puedo. Porque cumplir 25 años en el kiosco, con los tiem­pos que cor­ren, es, además de un moti­vo de cel­e­bración, una his­to­ria de resisten­cia y de con­fi­an­za en el futuro.

Latinoamérica, ¿un oasis económico?

Acos­tum­bra­dos a perder toda la vida en grandes com­pe­ten­cias inter­na­cionales, a muchos españoles les cues­ta creer que su selec­ción de fút­bol sea con­sid­er­a­da aho­ra la mejor del mun­do. Demasi­a­do boni­to para ser ver­dad, o, según los más pes­imis­tas, a ver qué tan­to dura. Algo sim­i­lar, guardadas pro­por­ciones, está ocur­rien­do en los últi­mos años con la economía lati­noamer­i­cana, que ha pasa­do de ser una de las más débiles del mun­do – la memo­ria de la ter­ri­ble cri­sis de la deu­da hace 30 años sigue viva en Argenti­na, Brasil y Méx­i­co –, a gozar de una salud, si no de hier­ro, al menos lo sufi­cien­te­mente sól­i­da como para aguan­tar la embesti­da de la cri­sis económi­ca mundi­al. No en vano la región fue cal­i­fi­ca­da como «un oasis» de esta­bil­i­dad, crec­imien­to y opor­tu­nidades, en el últi­mo Foro Económi­co Mundi­al de Davos, Suiza.

La rece­sión que está dev­a­s­tan­do bue­na parte de los país­es europeos no ha cruza­do, de momen­to, el Atlán­ti­co, como tam­poco pare­cen notarse los efec­tos de la cri­sis ban­car­ia y financiera de Esta­dos Unidos. Es más, var­ios gob­ier­nos lati­noamer­i­canos han recibido elo­gios de organ­is­mos como la Orga­ni­zación de Naciones Unidas – ONU -, el Ban­co Mundi­al o el Fon­do Mon­e­tario Inter­na­cional por haber acu­mu­la­do reser­vas y por man­ten­er, en gen­er­al, nive­les bajos, o razon­ables, de deu­da públi­ca. Es decir, lo con­trario que en Europa, donde país­es como Gre­cia, España, Italia, Por­tu­gal o Irlan­da se esfuerzan, sin mucho éxi­to, por salir a flote entre políti­cas que, dic­tadas por los diri­gentes de la Euro­zona, con Ale­ma­nia a la cabeza, insis­ten en pri­orizar la aus­teri­dad sobre el crecimiento.

No es posi­ble gen­er­alizar en un con­ti­nente donde con­viv­en economías tan pujantes como la brasileña con situa­ciones tan difí­ciles como las de Hon­duras o Haití, pero lo cier­to es que, por primera vez en décadas, muchos gob­ier­nos de la región están en condi­ciones de uti­lizar sus abun­dantes reser­vas para escapar, a través del gas­to, de la caí­da de la activi­dad económi­ca mundi­al. Algunos ejem­p­los: Según infor­mó el diario británi­co The Guardian, las reser­vas inter­na­cionales de Brasil pasaron de 38.000 mil­lones de dólares en 2002 a más de 370.000 mil­lones en 2012; Chile cuen­ta con un crec­imien­to del PIB cal­cu­la­do en un 4.5 por cien­to para este año, y con un fon­do de esta­bi­lización de cer­ca de 14.000 mil­lones de dólares; Perú vive una expan­sión sosteni­da; Venezuela podría cre­cer más del 5.0 por cien­to y en Colom­bia, con un crec­imien­to anu­al del 4.5 por cien­to, aumen­ta la tasa de inver­sión exter­na y baja el desempleo.

El peli­gro, como suele ocur­rir, está en con­fi­arse. La cri­sis económi­ca en Europa y Esta­dos Unidos, no ha toca­do fon­do, y sus efec­tos empiezan a sen­tirse tam­bién, poco a poco, en Améri­ca Lati­na. Se tra­ta todavía de un cole­ta­zo poco peli­groso, pero que puede ser mucho may­or en el futuro si no se toman medi­das opor­tu­nas. Así lo cree la Sec­re­taría Gen­er­al Iberoamer­i­cana – SEGIB –, dirigi­da por Enrique Igle­sias, quien, en declara­ciones a la agen­cia de noti­cias EFE, recordó que la cri­sis incluye una subi­da, aparente­mente irre­versible, en los pre­cios de los ali­men­tos, algo que ame­naza a mil­lones de pobres en Lati­noaméri­ca. En este sen­ti­do, Igle­sias señaló que la cri­sis «está aho­ra con­cen­tra­da en Europa y Esta­dos Unidos, donde nació y se asen­tó, pero el mun­do está vin­cu­la­do, y ya comien­za a afec­tar a Améri­ca Lati­na, lo que se nota en la baja­da de las tasas de crec­imien­to». «Es inevitable ten­er ese tipo de impacto, y puede ser mucho may­or de lo que ha sido has­ta aho­ra, aunque, en este momen­to, en com­para­ción con otros, Améri­ca Lati­na está mucho mejor prepara­da», añadió Iglesias.

Según las pre­vi­siones del Ban­co Inter­amer­i­cano de Desar­rol­lo – BID –, Lati­noaméri­ca volverá a cre­cer un 4.2 por cien­to en 2013, pero ello suced­erá tras una mod­es­ta expan­sión de un 3.5 por cien­to este año, refle­jo de la cri­sis mundi­al, pues la región cre­ció un 4.3 por cien­to el año ante­ri­or. Y es que en los últi­mos años, el crec­imien­to de Améri­ca Lati­na y su resisten­cia a los golpes de la cri­sis de deu­da en la Euro­zona, han esta­do ali­men­ta­dos por la exportación de mate­rias pri­mas y el con­tin­uo aumen­to del con­sumo por parte de una clase media emer­gente. Pero la per­sis­ten­cia de las tur­bu­len­cias en Europa, uni­da a una desacel­eración de la economía chi­na – prin­ci­pal mer­ca­do de las mate­rias pri­mas lati­noamer­i­canas –, está ensom­bre­cien­do el hor­i­zonte económi­co de la región. Brasil, por ejem­p­lo, cre­cerá este año, según las pre­vi­siones, por deba­jo del 2.0 por cien­to, muy lejos del 7.5 por cien­to en 2010.

Por otra parte, el cli­ma para los nego­cios en Lati­noaméri­ca bajó el pasa­do mes de julio a su peor niv­el en nueve meses, y mues­tra «ries­go de rece­sión» – depre­sión de las activi­dades económi­cas en gen­er­al que tiende a ser pasajera –, según el índice que el cen­tro de estu­dios económi­cos brasileño Fun­dación Getulio Var­gas (FGV) mide trimes­tral­mente. Así, el lla­ma­do Índice de Cli­ma Económi­co (ICE) para Améri­ca Lati­na bajó des­de 5,2 pun­tos en abril has­ta 4,8 pun­tos en julio, quedan­do por deba­jo del prome­dio de la últi­ma déca­da que fue de 5,1 puntos.

A esta cifra neg­a­ti­va hay que agre­gar que las 500 empre­sas más grandes de Améri­ca Lati­na, lid­er­adas por las petrol­eras Petro­bras, de Brasil; PDVSA, de Venezuela y Pemex, de Méx­i­co, ganaron el año pasa­do un 8.9 por cien­to menos que el año ante­ri­or, y ello a pesar de que sus ingre­sos se incre­men­taron casi en la mis­ma pro­por­ción, ya que se ele­varon un 8.3 por cien­to, alcan­zan­do los 2,4 bil­lones de dólares. Esta dis­pari­dad, según infor­mó la pub­li­cación dig­i­tal esta­dounidense Latin Busi­ness Chron­i­cle, se debería al efec­to que ha tenido la cri­sis euro­pea y esta­dounidense en los pre­cios de las mate­rias pri­mas, en para­le­lo a la men­ciona­da reduc­ción del crec­imien­to económi­co regional.

En gen­er­al, y según resum­ió en el diario español El País Ali­cia Bárce­na, sec­re­taria ejec­u­ti­va de la Comisión Económi­ca para Améri­ca Lati­na y el Caribe – CEPAL –, los prin­ci­pales desafíos que afronta la región pasan por la necesi­dad de con­tro­lar una inflación cre­ciente, fru­to del referi­do aumen­to de las mate­rias pri­mas inter­na­cionales; por asumir la apre­ciación de los tipos de cam­bio, que favore­cen las importa­ciones, en detri­men­to de las exporta­ciones, dañan­do la cuen­ta cor­ri­ente, y por man­ten­er una pos­tu­ra firme frente a la inesta­bil­i­dad de los mer­ca­dos financieros. Tam­bién será impor­tante acor­tar la brecha exis­tente entre las pequeñas y medi­anas empre­sas y las grandes cor­po­ra­ciones, y mejo­rar una políti­ca fis­cal que sigue sien­do defi­ciente, pues se recau­da poco y mal.

Pero el gran reto de Lati­noaméri­ca sigue sien­do la reduc­ción de la pobreza, una lacra que afec­ta a 174 mil­lones de per­sonas, es decir, el 31 por cien­to de la población total. Este por­centa­je es mucho menor que el de hace unas décadas, y supone el índice más bajo en 20 años, pues la tasa ha descen­di­do más de un 10 por cien­to con respec­to a 1990. Pese a esto, la reduc­ción en la pobreza total con­trasta con un alza en el número de per­sonas que viv­en en extrema pobreza o indi­gen­cia, que aumen­tó de 70 a 73 mil­lones de per­sonas en 2011, con lo que la tasa se elevó has­ta el 12.8 por cien­to. Las causas, según la CEPAL, hay que bus­car­las en el aumen­to del pre­cio de los ali­men­tos, algo que se deja sen­tir con más fuerza en los hog­a­res más pobres, y que con­trar­res­ta el incre­men­to en los ingresos.

En todo caso, la desigual­dad con­tinúa dis­min­uyen­do poco a poco. Entre 2008 y 2010, el índice Gino, que mide la inequidad, se redu­jo a un rit­mo supe­ri­or al 2.0 por cien­to, y en El Sal­vador y Perú por ejem­p­lo, bajó por enci­ma del 1.0 por cien­to. Este pro­gre­so, según la CEPAL, ha ido de la mano de un aumen­to sig­ni­fica­ti­vo del gas­to social en las últi­mas dos décadas, gas­to que, en esos 20 años, llegó al 62.2 por cien­to del gas­to públi­co total.

La propia CEPAL advierte, sin embar­go, que la reduc­ción de la pobreza y la desigual­dad están lim­i­tadas por una estruc­tura pro­duc­ti­va basa­da en mer­ca­dos lab­o­rales seg­men­ta­dos, con mucho empleo de baja pro­duc­tivi­dad, baja remu­neración y escasa pro­tec­ción social. Así, en 2009 los estratos sociales bajos en Améri­ca Lati­na rep­re­sen­taron el 50.2 por cien­to de la fuerza lab­o­ral, pero solo el 10.6 por cien­to del Pro­duc­to Inter­no Bru­to (PIB) – la medi­da macro­económi­ca que expre­sa el val­or mon­e­tario de la pro­duc­ción de bienes y ser­vi­cios de un país durante un perío­do deter­mi­na­do de tiem­po –, mien­tras que el estra­to alto supu­so el 19.6 por cien­to del empleo, pero el 66,9% del PIB. Por otra parte, solo cua­tro de cada diez tra­ba­jadores con­tribuyen a la seguri­dad social, aso­ci­a­da al empleo for­mal. Son los hog­a­res con may­or can­ti­dad de miem­bros y de sec­tores rurales los que tienen menor acce­so a la pro­tec­ción con­tribu­ti­va en la región.

En resumen, Améri­ca Lati­na aguan­ta, pero las ame­nazas están a la vuelta de la esquina. Los gob­ier­nos de la región, y espe­cial­mente los de aque­l­los país­es que están lid­eran­do el tirón económi­co, encabeza­dos por Brasil y Méx­i­co, con Colom­bia, Argenti­na y Perú sigu­ién­doles de cer­ca, tienen ante sí un triple desafío: Man­ten­er esta situación de cier­to priv­i­le­gio, pro­te­gerse ante lo que está por venir y, sobre todo, aprovechar esta coyun­tu­ra favor­able para avan­zar en el com­bate con­tra una pobreza y una desigual­dad que siguen sien­do endémi­cas en muchos país­es latinoamericanos.

Una isla de esperanza en El Salvador a través del teatro

Tatiana de la Ossa, direc­to­ra ejec­u­ti­va del proyec­to EsArtes, durante su reciente visi­ta a Toron­to. Foto: Glo­ria Nieto

La idea de César no parece, en prin­ci­pio, nada del otro mun­do: Mon­tar una gran­ja en su pueblo, la local­i­dad de Suchi­to­to, al norte de El Sal­vador, y tratar de atraer a tur­is­tas urbanos para que pasen unos días en con­tac­to con la nat­u­raleza, lev­an­tán­dose al amanecer para salir al cam­po, tra­ba­jan­do con los ani­males, apren­di­en­do a hac­er que­sos orgáni­cos, o inclu­so, para quien lo desee, dur­mien­do en una hamaca, como duerme él mis­mo cada día.

El proyec­to, sin embar­go, es algo más que otra prop­ues­ta de tur­is­mo rur­al, y no solo por el hecho de que por las noches un grupo de jóvenes actores inter­pre­tará para los tur­is­tas his­to­rias de ter­ror en torno a una hoguera. La empre­sa en la que César, un joven de ape­nas 20 años, está dis­puesto a embar­carse es un sop­lo de esper­an­za en una región mar­ca­da por la vio­len­cia y el desem­pleo, y es tam­bién la prue­ba pal­pa­ble de que el arte, y, en con­cre­to, el teatro, puede ser un arma for­mi­da­ble cuan­do se tra­ta de con­quis­tar el futuro.

César es uno de los chicos par­tic­i­pantes en el proyec­to EsArtes, una ini­cia­ti­va de teatro para el desar­rol­lo pues­ta en mar­cha hace ya unos tres años por la ONG cana­di­ense Cuso Inter­na­cional, en colab­o­ración con la aso­ciación local Primer Acto, el Fes­ti­val de Strat­ford (Ontario) y el pro­pio munici­pio de Suchi­to­to. Su prin­ci­pal obje­ti­vo es ofre­cer alter­na­ti­vas de edu­cación y empleo para los jóvenes de la zona.

«La idea es crear una especie de isla verde en la región», expli­ca Tatiana de la Ossa, direc­to­ra ejec­u­ti­va del proyec­to, «encen­der un foco des­de el que poder expandir una nue­va cul­tura de paz a toda la zona, al tiem­po que se va generan­do desar­rol­lo económi­co en la comu­nidad y se con­struyen alter­na­ti­vas para los jóvenes, tan­to lab­o­rales como en lo ref­er­ente a su tiem­po libre».

Para empezar, en EsArtes los jóvenes no solo apren­den teatro y mon­tan sus propias obras; tam­bién se for­man y, aprovechan­do todo lo que rodea a un mon­ta­je teatral (pro­duc­ción artís­ti­ca, escenografía, ves­tu­ario, util­ería, luces y sonido, elec­t­ri­ci­dad, carpin­tería), apren­den un ofi­cio y adquieren la con­fi­an­za sufi­ciente para lan­zarse después, como César, a desar­rol­lar sus pro­pios proyectos.

De la Ossa reconoce que la idea habría fun­ciona­do igual de bien en cualquier lugar donde los jóvenes se enfrenten a prob­le­mas sim­i­lares. «La elec­ción de Suchi­to­to se debió a que los índices de vio­len­cia son aquí menores que en el resto del país, y tam­bién a que se tra­ta de una zona con una enorme can­ti­dad de jóvenes sin alter­na­ti­vas lab­o­rales de futuro más allá de la agri­cul­tura, donde tra­ba­jan des­de las cua­tro de la madru­ga­da has­ta las once de la mañana, has­ta que lle­ga un momen­to en que se aca­ba el tra­ba­jo y entonces se aca­ban tam­bién los ingresos».

Suchi­to­to se encuen­tra en una de las zonas de El Sal­vador que sufrió con más dureza las con­se­cuen­cias de la guer­ra civ­il que dev­astó el país durante aprox­i­mada­mente doce años, has­ta la fir­ma de los acuer­dos de paz en 1992. En total, el con­flic­to causó más de 80.000 muertes en todo el país. Antes de la guer­ra, el munici­pio con­ta­ba con unos 35.000 habi­tantes, población que quedó reduci­da a poco más de 8.000 al tér­mi­no de los com­bat­es. Hoy, más de 20 años después, en Suchi­to­to y sus alrede­dores viv­en unas 25.000 personas.

La situación de la región se vio agrava­da además por la pér­di­da de riqueza que, según señala De la Ossa, supu­so la con­struc­ción de un lago arti­fi­cial para una cen­tral eléc­tri­ca: «Actual­mente, cuan­do los jóvenes lle­gan a los 18, 19 o 20 años, jus­to la edad en la que uno tiene más vig­or para pro­ducir y crear, esto es como la muerte en vida», afirma.

Pero los jóvenes que par­tic­i­pan en el proyec­to (chicos y chi­cas de entre 14 y 25 años de edad, a quienes se les exige per­manecer en el sis­tema educa­ti­vo mien­tras están en EsArtes) no son los úni­cos ben­e­fi­ci­a­dos. Como expli­ca Tatiana, la activi­dad revierte en la comu­nidad al desar­rol­lar una ima­gen pos­i­ti­va del pueblo, atraer tur­is­mo y, lo más impor­tante, implicar a com­er­cios y empre­sas de la local­i­dad. «En La casa de Bernar­da Alba, nue­stro primer mon­ta­je, par­tic­i­paron más de 200 per­sonas, incluyen­do los com­er­ciantes locales, la gente que nos prestó todo tipo de ser­vi­cios, los sas­tres, las cos­tur­eras, los trans­portis­tas… Fue cuan­do la gente se dio cuen­ta de lo intere­sante que podría ser para todos ten­er algo así de for­ma permanente…».

Al final, es como una cade­na que va cre­cien­do y cre­cien­do: «En la zona se cul­ti­va achote, del que se puede obten­er el tinte que se nece­si­ta para col­ore­ar nues­tras telas, y en un pueblo cer­cano se pro­ducen telares que, a la vez, podemos uti­lizar tam­bién nosotros, con dis­eños que real­izan nue­stros dis­eñadores y que luego encar­gan a teje­dores, tam­bién locales… Es como un micromundo».

Des­de su nacimien­to en 2008, EsArtes, que está divi­di­do en tres grandes pro­gra­mas (for­ma­ción, pro­duc­ción cul­tur­al y emprendimien­to juve­nil) ha puesto en esce­na, además de a Gar­cía Lor­ca, a Lope de Vega (Fuenteove­ju­na) y a Moliere (El enfer­mo imag­i­nario), pero tam­bién his­to­rias tradi­cionales de la región o inclu­so obras escritas por los pro­pios jóvenes. En total, ocho obras (se mon­tan entre dos y tres pro­duc­ciones al año). ‘La casa de Bernar­da Alba’, por ejem­p­lo, ha sido rep­re­sen­ta­da, a lo largo de tres tem­po­radas, en el Teatro de las Ruinas del pro­pio Suchi­to­to, en el Teatro Nacional de San Sal­vador y en el teatro de Luis Poma, tam­bién en la capital.

¿Y el cri­te­rio de elec­ción de las obras? «Nues­tra úni­ca línea ‑expli­ca Tatiana- es la cul­tura, el desar­rol­lo de los jóvenes y la mejoría económi­ca para todos. Es una ini­cia­ti­va de la comu­nidad, que deja fuera la políti­ca y los par­tidos, la religión y cualquier tipo de pre­juicio que pud­iese com­pro­m­e­ter el proyecto».

Los que sí que están com­pro­meti­dos son los pro­pios estu­di­antes, algunos de los cuales, como Hernán (un chico proce­dente de la mis­ma comu­nidad de César), tienen que cam­i­nar entre 20 y 40 min­u­tos (más, si llueve) para poder lle­gar des­de la zona rur­al en la que viv­en has­ta la para­da del auto­bús que les lle­va al pueblo, un auto­bús que, como aclara Tatiana, es, en real­i­dad, una camione­ta llena de gente, con lo que a veces toca andar todo el camino.

Muchos se lev­an­tan a las cua­tro de la mañana para tra­ba­jar en el cam­po (la plantación de unos 50 met­ros de caña de azú­car se puede pagar a poco más de un dólar esta­dounidense), donde per­manecen has­ta cer­ca del mediodía. Después vuel­ven a casa, comen (o no), se dan una ducha ráp­i­da y se van al teatro, exhaus­tos, pero llenos de entu­si­as­mo. «Hay un interés inmen­so», dice Tatiana.

EsArtes paga a los alum­nos la ali­mentación durante el día de clases y el trans­porte, ya que la may­oría provienen del área rur­al. Tam­bién existe un apoyo en efec­ti­vo para los estu­di­antes de tiem­po com­ple­to, cuyo propósi­to es ayu­dar a cubrir las necesi­dades bási­cas de los chicos o que puedan con­seguir una per­sona susti­tu­ta en las tar­eas agrí­co­las o pro­duc­ti­vas que hacían con sus famil­ias. De la Ossa expli­ca que «para los que tienen más prob­le­mas, o no pueden dejar su empleo, o nece­si­tarían can­ti­dades que exce­den el límite de tiem­po de nues­tras becas, ten­emos tam­bién pro­gra­mas de medio tiempo».

El proyec­to cuen­ta actual­mente con un pre­supuesto anu­al de alrede­dor de 150.000 dólares, y tiene apoyo financiero de Sco­tia­bank y de Pow­er Cor­po­ra­tion. Cuso colab­o­ra con toda la parte logís­ti­ca y paga una mod­es­ta can­ti­dad a los vol­un­tar­ios que tiene desta­ca­dos en El Salvador.

Según infor­mó el diario Toron­to Star, los res­i­dentes de Strat­ford reunieron recien­te­mente más de 17.000 dólares para ayu­dar a la escuela de Suchi­to­to, en for­ma de pequeñas dona­ciones. Y es que la local­i­dad de Ontario y su fes­ti­val son, sin duda, los grandes ref­er­entes. A fin de cuen­tas, fue el teatro el gran pro­tag­o­nista de la res­ur­rec­ción económi­ca de la ciu­dad cana­di­ense, cuan­do, hace 60 años, se enfrenta­ba a las peo­res per­spec­ti­vas económi­cas después de la quiebra de una de sus prin­ci­pales fábri­c­as. Seis décadas después, el fes­ti­val de Strat­ford, ciu­dad con la que ya se ha her­mana­do Suchi­to­to, cuen­ta con un pre­supuesto en torno a los 60 mil­lones de dólares, es cono­ci­do en todo el mun­do y atrae cada año a miles de tur­is­tas y amantes del teatro.

El camino para la comu­nidad sal­vadoreña será largo y, sin duda, difí­cil, pero los cimien­tos ya están plan­ta­dos, y pare­cen firmes. La «isla verde» está en marcha.

Codo con codo con las mujeres de Lima

La fotó­grafa Glo­ria Nieto, en Lima, Perú. Foto: Swamy de León

Lucha con­tra la vio­len­cia de género, talleres de salud sex­u­al y repro­duc­ti­va, asesoría legal, apoyo al desar­rol­lo económi­co a través de micro­crédi­tos, impul­so a la par­tic­i­pación políti­ca… El Movimien­to Manuela Ramos lle­va más de tres décadas tra­ba­jan­do con y para las mujeres de Perú, pele­an­do por el reconocimien­to de sus dere­chos, asum­ien­do su gran diver­si­dad (étni­ca, ide­ológ­i­ca, cul­tur­al, reli­giosa…) y, en defin­i­ti­va, cues­tio­nan­do día a día la legit­im­i­dad de las estruc­turas sociales, políti­cas y económi­cas que mantienen (o, como pre­fieren decir ellas, “inten­tan man­ten­er”) sub­or­di­nadas a las mujeres.

Glo­ria Nieto, una fotó­grafa y dis­eñado­ra grá­fi­ca españo­la res­i­dente en Toron­to, aca­ba de pasar cua­tro meses en Lima tra­ba­jan­do codo con codo con ‘las Manue­las’, como se lla­man a sí mis­mas las inte­grantes de esta orga­ni­zación, a través del pro­gra­ma para coop­er­antes de la ONG cana­di­ense Cuso Inter­na­cional.

Talleres de fotografía para mujeres de las zonas más des­fa­vore­ci­das de la cap­i­tal, desar­rol­lo de cam­pañas para que la labor del movimien­to llegue al may­or número de per­sonas posi­bles… Como tan­tos otros coop­er­antes en todo el mun­do, Nieto ha trata­do de pon­er su gran­i­to de are­na, al tiem­po que ha tenido la opor­tu­nidad de cono­cer de primera mano la real­i­dad de una ciu­dad en la que, a pesar de haber mejo­ra­do mucho en los últi­mos años, aún que­da, tam­bién, mucho por hacer.

Glo­ria Nieto, en el cen­tro de Lima. Foto: Swamy de León

Si tuviera que resumir en tres pal­abras su expe­ri­en­cia como coop­er­ante de Cuso Inter­na­cional en el Movimien­to Manuela Ramos, ¿qué tres pal­abras elegiría?

Sat­is­fac­ción, por el tra­ba­jo real­iza­do, ilusión por for­mar parte de un proyec­to que mejo­ra la vida de la gente, y sen­sación de inclusión por la acogi­da tan amis­tosa brinda­da por el equipo de Cuso Inter­na­cional Perú y el Movimien­to Manuela Ramos.

En su tra­ba­jo, ust­ed ha uti­liza­do la fotografía no solo como un medio para mostrar la real­i­dad, sino tam­bién como una opor­tu­nidad para el aprendizaje…

Sí, una de las cosas que se espera de noso­tras y nosotros como coop­er­antes de Cuso Inter­na­cional es que prop­iciemos un inter­cam­bio de infor­ma­ción, ya sea en for­ma de talleres o de char­las, o a través de mate­ri­ales infor­ma­tivos. De esta man­era, el alcance de nues­tra colab­o­ración va más allá de la estancia en el país. Este inter­cam­bio, además, es bidi­rec­cional, ya que el o la coop­er­ante aprende tam­bién de la orga­ni­zación en la que tra­ba­ja, tan­to a niv­el per­son­al como pro­fe­sion­al. En mi caso, he tenido la opor­tu­nidad de impar­tir un cur­so de fotografía bási­ca, y la expe­ri­en­cia resultó muy interesante.

¿Cuáles son los prin­ci­pales retos y prob­le­mas a los que, a su juicio, se enfrentan las mujeres de las zonas más des­fa­vore­ci­das de una ciu­dad como Lima?

Las mujeres peru­a­nas, como ocurre en todo el mun­do, sufren una situación de dis­crim­i­nación, tan­to en la esfera social, como en la políti­ca y la económi­ca. El pro­gra­ma en el que yo tra­ba­jo con las com­pañeras de Movimien­to Manuela Ramos se lla­ma “Dere­cho a una vida sin vio­len­cia”, y se cen­tra en la elim­i­nación de la vio­len­cia sex­u­al y domés­ti­ca, a través de la asesoría legal en temas de vio­len­cia, capac­itación, asesoría espe­cial­iza­da y activi­dades de pre­ven­ción, sen­si­bi­lización y difusión. La vio­len­cia sex­u­al y domés­ti­ca es sin duda un prob­le­ma social de primer orden en Perú, un país donde cada mes mueren 10 mujeres a manos de sus pare­jas, expare­jas o familiares.

¿Qué le llevó a con­tac­tar con Cuso?

Quería pon­er mis habil­i­dades como fotó­grafa y dis­eñado­ra grá­fi­ca al ser­vi­cio de una causa con la que me sin­tiera iden­ti­fi­ca­da y Cuso Inter­na­cional me brindó esa opor­tu­nidad a través de su pro­gra­ma de voluntariado.

¿Qué ha sido lo más sat­is­fac­to­rio de su trabajo?

El sen­tir que estoy ponien­do algo de mi parte para mejo­rar las condi­ciones de una comu­nidad desfavorecida.

¿Y lo más difícil?

Dado que mi vol­un­tari­a­do es de cor­to pla­zo ‑sólo tres meses‑, ha sido un reto la elab­o­ración de un plan de tra­ba­jo que incluy­era todo aque­l­lo que podría hac­er durante mi estancia en Perú. No es fácil cal­cu­lar cuán­to tiem­po va a lle­var cada activi­dad y enca­jar­la en el cal­en­dario, pero al final hemos ido aju­s­tan­do tiem­pos y todo ha sali­do bien.

Vuelve la alta tensión al Kurdistán iraquí

A pun­to de cumplirse un año ya de la sal­i­da de las tropas esta­dounidens­es, Irak está muy lejos aún de haber encon­tra­do una mín­i­ma esta­bil­i­dad. De hecho, el año parece estar aca­ban­do exac­ta­mente como empezó: con una escal­a­da de la ten­sión sec­taria y étni­ca que ha mar­ca­do la his­to­ria del país des­de que en 1932 la Sociedad de Naciones dio por final­iza­do el Manda­to Británi­co y recono­ció su (tute­la­da) independencia.

En los primeros meses de 2012 estal­ló el con­flic­to sec­tario cuan­do, nada más salir los últi­mos sol­da­dos de EE UU, el Gob­ier­no del primer min­istro Nuri Kamal al Mali­ki, un chií, ordenó el arresto del vicepres­i­dente, Tariq al Hashe­mi (suní), acu­sa­do de par­tic­i­par en activi­dades ter­ror­is­tas. Aho­ra, el año con­cluye con un pre­ocu­pante agravamien­to del inter­minable con­flic­to étni­co del Kur­dis­tán iraquí, una cri­sis en la que, obvi­a­mente, hay otros fac­tores en juego, más allá de la etnia. El primero de todos, el petróleo.

El últi­mo capí­tu­lo has­ta aho­ra del ‘prob­le­ma kur­do’ comen­zó tam­bién tras un movimien­to de Mali­ki, cuan­do el primer min­istro decidió incre­men­tar sig­ni­fica­ti­va­mente el con­trol de Bag­dad sobre las fuerzas de seguri­dad que oper­an en Kirkuk, un ter­ri­to­rio de gran riqueza petrol­era, dis­puta­do por ambas partes, y en el que tropas iraquíes y kur­das se reparten la respon­s­abil­i­dad de man­ten­er el orden. La excusa: evi­tar aten­ta­dos ter­ror­is­tas. Como explic­a­ba Joost R. Hilter­man, del Inter­na­tion­al Cri­sis Group, a The New York Times, recur­rien­do a una de las expre­siones más men­cionadas en la región últi­ma­mente: «Para los kur­dos la decisión de Mali­ki fue cruzar una línea roja. Bási­ca­mente, Mali­ki se hizo con el con­trol de la policía, y los kur­dos nun­ca van a ced­er Kirkuk».

A finales del pasa­do mes de noviem­bre, agentes fed­erales iraquíes que trata­ban de deten­er a un kur­do en la ciu­dad de Tuz Jur­ma­to, al norte de la región semi­autóno­ma, acabaron enfren­tán­dose a tiros con miem­bros de las fuerzas de seguri­dad leales al Gob­ier­no region­al kur­do. Murió un civ­il y otros ocho resul­taron heri­dos. La respues­ta de Mali­ki fue enviar más tropas, y Masud Barzani, el pres­i­dente del Kur­dis­tán iraquí, reac­cionó desta­can­do a sus sol­da­dos, los pesh­mer­gas. Des­de entonces la ten­sión no ha hecho más que cre­cer, a pesar de los esfuer­zos de mediación lle­va­dos a cabo con el respal­do de Esta­dos Unidos.

El pasa­do lunes, Barzani real­izó una sig­ni­fica­ti­va visi­ta a Kirkuk y dejó claro que el Gob­ier­no region­al kur­do no está dis­puesto a ced­er ter­reno. Durante su encuen­tro con las mili­cias pesh­mer­gas, y según infor­mó la agen­cia Reuters, Barzani dijo que «a lo largo de la his­to­ria los kur­dos no han elegi­do el camino de la guer­ra, pero eso no sig­nifi­ca que se vayan a quedar esposa­dos ante la opre­sión. Esta­mos en con­tra de la guer­ra, no nos gus­ta la guer­ra, pero si la situación lle­va a una guer­ra, todos los kur­dos están prepara­dos para luchar por el man­ten­imien­to de la iden­ti­dad kur­da de Kirkuk». Para estar en medio de un pro­ce­so nego­ci­ador, el líder kur­do usó cua­tro veces la pal­abra guer­ra en solo un par de fras­es. Ya en otro tono, Barzani pidió a las mili­cias que «resis­tan», que cum­plan con la ley y la Con­sti­tu­ción, y que pre­ser­ven «la tol­er­an­cia y la con­viven­cia pací­fi­ca con todas las comu­nidades del Kurdistán».

Kirkuk, que actual­mente se encuen­tra fuera de las tres provin­cias del norte de Irak que con­for­man la región semi­autóno­ma del Kur­dis­tán (crea­da en 1993 tras la der­ro­ta iraquí en la primera Guer­ra del Gol­fo), es una de las recla­ma­ciones históri­c­as más impor­tantes de los kur­dos iraquíes. La elab­o­ración de un cen­so que deter­mine si la ciu­dad tiene may­oría kur­da o árabe sigue retrasán­dose, pero no es prob­a­ble que este reg­istro, si es que lle­ga a realizarse algún día, vaya a solu­cionar la dis­pu­ta, tenien­do en cuen­ta las vicisi­tudes sufridas por la población kur­da en las últi­mas décadas.

A medi­a­dos de los años seten­ta, por ejem­p­lo, más de diez años antes de la bru­tal repre­sión de Sadam Husein en 1988 (el tris­te­mente famoso episo­dio cono­ci­do como Al Anfal, en el que fueron masacra­dos dece­nas de miles de kur­dos), en torno a medio mil­lón de kur­dos fueron desplaza­dos for­zosa­mente de sus pobla­ciones de ori­gen, a las que tenían pro­hibido regre­sar bajo pena de muerte. Muchos de ellos fueron con­duci­dos al sur de Irak, donde se les realo­jó entre una población de may­oría árabe chií. Era la respues­ta del rég­i­men de Bag­dad a la rev­olu­ción que acaba­ba de sofo­car en el Kur­dis­tán. En aquel momen­to, el Irán del sha, que presta­ba apoyo a los kur­dos, y el Irak de Sadam Husein (quien aún no era pres­i­dente, pero se había con­ver­tido ya en el hom­bre fuerte del rég­i­men) habían logra­do alcan­zar un tem­po­ral y frágil acuer­do de paz. Aque­l­la ‘rec­on­cil­iación’, fir­ma­da en Argel en 1975, pre­cip­itó la der­ro­ta de las fuerzas kur­das y acabó pro­ducien­do la escisión del movimien­to kur­do entre el Par­tido Democráti­co del Kur­dis­tán (PDK) de Masud Barzani y la Unión Pop­u­lar del Kur­dis­tán (UPK), que luego diri­giría Yalal Tal­a­bani. Tal­a­bani, actu­al pres­i­dente de Irak, se man­tenía al frente de la UPK cuan­do ambas fac­ciones se enfrentaron en una guer­ra civ­il tras la Guer­ra del Gol­fo de 1991. Los dos líderes se rec­on­cil­iaron y se pre­sen­taron en coali­ción a las elec­ciones de 2005. Aho­ra, Tal­a­bani es el medi­ador en las atran­cadas nego­cia­ciones entre Bag­dad y el gob­ier­no kur­do de su exen­e­mi­go Barzani.

El estancamien­to es has­ta cier­to pun­to com­pren­si­ble si se tiene en cuen­ta lo que está en juego: Kirkuk se asien­ta sobre una de las may­ores reser­vas de petróleo del mun­do, y las explota­ciones que oper­an en los cam­pos situ­a­dos en torno a la ciu­dad pro­ducen alrede­dor de una quin­ta parte del total de las exporta­ciones de crudo de Irak (unos 2,6 mil­lones de bar­riles al día).

Mien­tras duró la ocu­pación mil­i­tar de EE UU, las tropas esta­dounidens­es actu­aron de colchón entre el Ejec­u­ti­vo cen­tral iraquí y el Gob­ier­no region­al kur­do, pero cuan­do aban­donaron el país, Bag­dad comen­zó a incre­men­tar su con­trol, tan­to sobre la pro­duc­ción de petróleo como sobre la zona en sí. La ten­sión se dis­paró al fir­mar la región kur­da acuer­dos con grandes empre­sas petrol­eras como Exxon y Chevron para desar­rol­lar los yacimien­tos, un movimien­to que Bag­dad inter­pretó como lo que prob­a­ble­mente era: un desafío al poder central.

Para com­plicar aún más la cosa, tam­bién la indus­tria petrol­era rusa ha puesto su gran­i­to de are­na en el aumen­to de la pre­sión. La sem­ana pasa­da, y según infor­mó La Voz de Rusia, la empre­sa Gazprom Neft, que desar­rol­la una «coop­eración energéti­ca» tan­to con Irak como con el Kur­dis­tán iraquí, indicó que «por aho­ra coop­er­amos con ambos gob­ier­nos, pero si ten­emos que ele­gir lo haremos».

De acuer­do con la emiso­ra rusa, Bag­dad exigió el pasa­do mes de noviem­bre a Gazprom Neft, fil­ial del monop­o­lio gasís­ti­co ruso Gazprom, que renun­ci­ase al con­tra­to para el desar­rol­lo del cam­po petrolero iraquí de Badra (con unas reser­vas cal­cu­ladas en 3.000 mil­lones de bar­riles) si con­tinu­a­ba eje­cu­tan­do proyec­tos en el Kur­dis­tán iraquí. El Gob­ier­no cen­tral de Irak se ha nega­do a recono­cer dece­nas de con­tratos fir­ma­dos ante­ri­or­mente entre el Kur­dis­tán y empre­sas energéti­cas extran­jeras, ale­gan­do que este tipo de acuer­dos solo pueden ser lle­va­dos a cabo por las autori­dades centrales.

De fon­do, además, se encuen­tra la gran rival­i­dad políti­ca exis­tente entre Barzani y Mali­ki, sobre todo después de que el líder kur­do inten­tara hace unos meses for­mar una coali­ción par­la­men­taria para acabar con el manda­to del primer ministro.

Y mien­tras, para algunos líderes de la región semi­autóno­ma, como Nechir­van Barzani, primer min­istro y sobri­no del pres­i­dente, la solu­ción pasa por la vuelta de las tropas esta­dounidens­es al Kur­dis­tán iraquí, una opción que están muy lejos de con­sid­er­ar siquiera tan­to el Gob­ier­no de Barak Oba­ma como el de Nuri al Maliki.

Un agravamien­to de la cri­sis kur­da situ­aría a Irak en una situación que no es exager­a­do cal­i­ficar de trág­i­ca, al añadir una guer­ra de carác­ter étni­co y económi­co al con­flic­to sec­tario que ate­naza ya al país: Según datos divul­ga­dos en octubre por el Gob­ier­no de Bag­dad, solo en el mes de sep­tiem­bre el número de muer­tos por ataques vio­len­tos y aten­ta­dos (casi todos por bom­bas cuyas víc­ti­mas fueron may­ori­tari­a­mente chiíes) llegó a 365, el doble que el reg­istra­do en agos­to. Fue el mes más san­gri­en­to en dos años.

No son bue­nas noti­cias para una población tris­te­mente acos­tum­bra­da a la guer­ra, la repre­sión y la división inter­na. En un artícu­lo pub­li­ca­do recien­te­mente en The New York Times, Sarmed al Tai, colum­nista del diario iraquí Al Mada, lo resumía así: «Mi abue­lo tenía una palmera de dátiles. Un día, cuan­do yo tenía cua­tro años de edad, abrí los ojos y vi un tanque al lado de la palmera. Aho­ra veo tan­ques en la puer­ta de mi periódico».