Canadá: Se busca profesor de español… no español

Miguel Máiquez, 15/10/2019

«Llam­a­ba para saber si tenés algún prob­le­ma con la foto­copi­ado­ra»… Durante var­ios días estuve imi­tan­do lo mejor que pude a Diego Arman­do Maradona, enca­ja­do en el cubícu­lo de un cen­tro de aten­ción tele­fóni­ca de Toron­to dirigi­do a clientes de Lati­noaméri­ca. El moti­vo no era una desmesura­da admiración por el astro argenti­no, sino algo bas­tante menos román­ti­co. El incon­fundible acen­to de Maradona fue, a saber por qué, lo úni­co que me vino a la cabeza en la primera lla­ma­da, y pare­ció dar el pego, algo esen­cial tenien­do en cuen­ta que, nada más lle­gar, me habían deja­do claro que mi español era «muy de España», que los clientes «pre­fieren el español lati­no», y que lo mis­mo íbamos a ten­er un prob­le­ma. No me expli­caron por qué, pero imag­i­no que la sen­sación de cer­canía que se supone que teníamos que dar qued­a­ba algo dilu­i­da si la lla­ma­da parecía pro­ced­er del otro lado del char­co (aunque, en real­i­dad, estu­viése­mos en Canadá). «No hay prob­le­ma», con­testé. Al final sí que lo hubo, pero eso es otra historia.

En Canadá en gen­er­al, y en Toron­to, la ciu­dad más mul­ti­cul­tur­al del plan­e­ta según la ONU, en par­tic­u­lar, se escucha mucho español. No tan­to, des­de luego, como en Esta­dos Unidos, pero cada vez más. Y el español que se escucha es, aunque solo sea por las obvias razones de la geografía, el español de Lati­noaméri­ca. Los lati­nos (una denom­i­nación no demasi­a­do especí­fi­ca en la que se incluyen, en gen­er­al, los his­panoh­ab­lantes del con­ti­nente amer­i­cano) rep­re­sen­tan actual­mente en torno al 1,3% de la población total cana­di­ense. Según el últi­mo cen­so ofi­cial del país, de 2017, eso supone cer­ca de medio mil­lón de per­sonas que se iden­ti­f­i­can a sí mis­mas como lati­noamer­i­canos, con el prin­ci­pal ori­gen en Méx­i­co, segui­do de cer­ca por Colom­bia y, a may­or dis­tan­cia, por El Sal­vador, Perú, Chile, Venezuela y Argenti­na, en ese orden.

Mien­tras, en 2018 había exac­ta­mente 16.787 españoles reg­istra­dos como res­i­dentes en Canadá, de acuer­do con datos ofi­ciales del Insti­tu­to Nacional de Estadís­ti­ca. La cifra no incluye a tur­is­tas ni a estu­di­antes, que, sobre todo en ver­a­no, ele­van con­sid­er­able­mente la can­ti­dad de zetas, vosotros y pretéri­tos per­fec­tos que puede uno cazar en el metro, pero aun así, no hay color.

Todo esto tiene un refle­jo inevitable en el español que se enseña aquí, al menos en lo que respec­ta a las acad­e­mias pri­vadas, en la may­oría de las cuales la nor­ma no escri­ta es dar pre­pon­der­an­cia a las vari­antes lati­noamer­i­canas del castel­lano, o, al menos, a cier­to español lati­no están­dar, ya que, al igual que en la Penín­su­la, tam­bién en este lado del Atlán­ti­co son muchos los españoles que se hablan.

Aparte del hecho de que la comu­nidad his­panoh­ab­lante en Canadá sea may­ori­tari­a­mente lati­na, Javier Aiz­er­sztein, direc­tor del Span­ish Cen­tre, la may­or acad­e­mia de español del país, da otras dos razones por las que en sus escue­las se deja de lado el español europeo: «Por un lado, las conex­iones más impor­tantes de Canadá son norte-sur, y la gente que quiere apren­der español lo nece­si­ta, a menudo, para hac­er nego­cios con Méx­i­co, Chile, Perú, Argenti­na, el Caribe… Pocas veces con España. Por otro, hay que pen­sar tam­bién en los des­ti­nos de los cana­di­ens­es cuan­do se van de vaca­ciones: Cuba, Méx­i­co…». «Se opta por un español muy genéri­co: no enseñamos el vosotros, pero tam­poco el vos», aclara.

Con­viene no olvi­dar, en cualquier caso, que de los alrede­dor de 500 mil­lones de hablantes nativos de español que hay en el mun­do, solo unos 46 mil­lones usan el español de España.

El mun­do uni­ver­si­tario es, sin embar­go, más flex­i­ble. Actual­mente se imparten 76 tit­u­la­ciones en el área de Lengua y Lit­er­atu­ra españo­las en 42 uni­ver­si­dades de Canadá, y el español se enseña como lengua inter­na­cional en prác­ti­ca­mente cada una de las 94 uni­ver­si­dades cana­di­ens­es. Yolan­da Igle­sias, pro­fe­so­ra aso­ci­a­da en el Depar­ta­men­to de Español de la Uni­ver­si­dad de Toron­to (la que tiene más alum­nos del país), expli­ca que en esta insti­tu­ción «no hay ses­go» a la hora de enseñar el idioma: «Cada pro­fe­sor es libre de enseñar la vari­ante que quiera, y a los alum­nos, por supuesto, no se les cor­rige si usan una u otra», señala. «Muchas veces ter­mi­namos enseñan­do las dos, tam­poco hay tan­tas difer­en­cias», añade. De hecho, su depar­ta­men­to ha edi­ta­do recien­te­mente un tra­ba­jo en el que se com­paran var­ios tex­tos escritos en las difer­entes modal­i­dades de la lengua. «Muy enrique­ce­dor», indi­ca Iglesias.

Con­seguir un puesto como pro­fe­sor en la Uni­ver­si­dad de Toron­to tal vez sea más com­pli­ca­do que encon­trar empleo en un cen­tro de tele­mar­ket­ing (o, mejor, tele­mer­cadeo), pero al menos no ten­dría que imi­tar a Maradona.


Pub­li­ca­do en el No. 4 de la revista Archile­tras (julio-sep­tiem­bre 2019)

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