República Centroafricana: un conflicto al borde del genocidio

Miguel Máiquez, 2/12/2013

Como parece ser la nor­ma cuan­do se tra­ta de África, el con­flic­to no ocu­pa demasi­a­do espa­cio en los infor­ma­tivos, ni provo­ca la urgen­cia políti­ca inter­na­cional con la que se responde a otras cri­sis en zonas teóri­ca­mente más estratég­i­cas del mun­do. De hecho, de no ser por la inmi­nen­cia de una inter­ven­ción mil­i­tar france­sa, es prob­a­ble que ni siquiera hubiese alcan­za­do un lugar mín­i­ma­mente vis­i­ble en los medios de comu­ni­cación occi­den­tales. Y, sin embar­go, los dev­as­ta­dores efec­tos del caos y la vio­len­cia en que está sum­i­da la Repúbli­ca Cen­troafricana des­de hace meses pueden verse inclu­so des­de el espacio.

La ONG Human Rights Watch (HRW) ha pub­li­ca­do esta mis­ma sem­ana unas imá­genes tomadas por satélite de la remo­ta aldea de Camp Ban­gui, un pobla­do minero situ­a­do en el noroeste del país. Según la ONG, las fotografías se realizaron el pasa­do 23 de noviem­bre, un par de sem­anas después de un ataque bru­tal que dejó más de 200 vivien­das (la mitad del pobla­do) reduci­das a cenizas.

De momen­to, la inse­guri­dad exis­tente en toda la zona ha hecho imposi­ble acced­er a la aldea para poder lle­var a cabo un cóm­puto inde­pen­di­ente de las víc­ti­mas, pero, en pal­abras de la propia orga­ni­zación, la ima­gen es «el aspec­to que tiene un crimen de guer­ra vis­to des­de el espa­cio». Los pun­tos en rojo mar­can las casas destruidas:

Ima­gen de satélite de casas destru­idas en el pobla­do de Camp Ban­gui, Repúbli­ca Cen­troafricana. Foto: HRW

Según denun­ció HRW, la aldea, de may­oría cris­tiana, fue víc­ti­ma, como muchas otras en toda la región, de un ataque de los exre­beldes de la coali­ción Sele­ka, de may­oría musul­mana y respon­s­ables del golpe de Esta­do (el quin­to des­de que el país proclamó su inde­pen­den­cia, en 1960) que el pasa­do mes de mar­zo der­rocó al pres­i­dente François Boz­izé. El ataque habría sido una repre­salia con­tra las mili­cias civiles cris­tianas, respon­s­ables, a su vez, de numerosos atropellos.

Se tra­ta, en cualquier caso, de un episo­dio más en una escal­a­da de vio­len­cia que está adquirien­do tintes cada vez más sec­tar­ios, en un país donde la autori­dad estatal ha queda­do total­mente desin­tegra­da, y que carece de gob­ier­no efec­ti­vo des­de el golpe de Esta­do. Según datos de la Agen­cia de Refu­gia­dos de la ONU, cer­ca de 470.000 civiles (el 10% de la población total) se han vis­to oblig­a­dos a aban­donar sus casas en el últi­mo año, dejan­do aldeas enteras vacías.

En su defen­sa de una inter­ven­ción mil­i­tar por parte de su país, el min­istro de Exte­ri­ores de Fran­cia, Lau­rent Fabius, ha lle­ga­do a decir que la excolo­nia france­sa se encuen­tra «al bor­de del geno­cidio», una pal­abra que han emplea­do tam­bién, refle­jan­do el temor a lo que puede ocur­rir, fun­cionar­ios de la ONU. La emba­jado­ra esta­dounidense en Naciones Unidas, Saman­tha Pow­er, cal­i­ficó lo que está ocur­rien­do como «una de las peo­res cri­sis que se han oído jamás».

Estas son algu­nas de las claves de un con­flic­to que ha venido a agravar, más aún si cabe, las difí­ciles condi­ciones de vida de una población cuya esper­an­za de vida es de 51 años, en un país que, al igual que otras excolo­nias euro­peas en África, ape­nas ha cono­ci­do un momen­to de esta­bil­i­dad des­de su inde­pen­den­cia, y que, a pesar de sus grandes reser­vas de uranio, oro, dia­mantes y madera (pas­to abona­do para la pro­lif­eración de ‘señores de la guer­ra’), es uno de los diez más pobres del mun­do, con una renta per cápi­ta de 535 dólares.

El origen: un golpe de Estado tras otro

El 15 de mar­zo de 2003 el gen­er­al François Boz­izé, antiguo jefe del Esta­do May­or del Ejérci­to, dio un golpe de Esta­do en ausen­cia del pres­i­dente del país y al día sigu­iente se proclamó pres­i­dente de la Repúbli­ca Cen­troafricana, cer­ran­do un parén­te­sis de diez años de legal­i­dad con­sti­tu­cional. Era la cuar­ta ason­a­da mil­i­tar con éxi­to (inten­tos fal­li­dos ha habido var­ios más) des­de que la excolo­nia france­sa proclamó su inde­pen­den­cia en 1960.

El nue­vo líder sus­pendió la Con­sti­tu­ción y el Par­la­men­to, e instau­ró un gob­ier­no de unidad nacional, tras lo que fue elegi­do en refer­én­dum con el 64% de los votos. En enero de 2011 Boz­ize ren­ovó su manda­to con acusa­ciones de fraude elec­toral, y en diciem­bre de 2012 la coali­ción de fuerzas rebeldes Sele­ka («alian­za», en lengua san­go) tomó var­ios pueb­los del noroeste, aducien­do que Boz­izé no había respeta­do los acuer­dos de paz fir­ma­dos en 2007, unos acuer­dos que con­tem­pla­ban, entre otras cosas, la inte­gración de com­bat­ientes rebeldes en el Ejérci­to cen­troafricano, la lib­eración de pri­sioneros políti­cos y el pago a los mili­cianos sub­l­e­va­dos que optaran por el desarme.

La revuelta, que orig­inó la inter­ven­ción de sol­da­dos de Chad y el envío de un con­tin­gente de mil­itares france­ses y de una mis­ión de paz de la ONU (BINUCA), cul­minó el 24 de mar­zo de 2013 con la toma de Ban­gui por parte del líder de la coali­ción rebelde, Michel Djo­to­dia. En un nue­vo golpe de Esta­do, y tras la hui­da de Boz­izé a la veci­na Repúbli­ca Democráti­ca del Con­go, Djo­to­dia asum­ió el poder, con­vir­tién­dose en el primer pres­i­dente musul­mán en un país donde el 50% de la población es cris­tiana, y solo pertenece al islam el 15%.

Días más tarde se for­mó un gob­ier­no de unidad nacional con los par­tidos de la oposi­ción, que final­mente acabaron aban­do­nan­do el Ejec­u­ti­vo por dis­crep­an­cias por la dis­tribu­ción de carteras. Se ini­ció entonces una cri­sis que provocó dece­nas de muer­tos por los enfrentamien­tos entre gru­pos arma­dos leales a Boz­izé y los exre­beldes de Sele­ka, y que ha acaba­do cau­san­do la hui­da de más de 37.000 per­sonas a los país­es veci­nos y cer­ca de medio mil­lón de desplaza­dos internos.

La Comu­nidad Económi­ca de Esta­dos Cen­troafricanos (CEECA) ha recono­ci­do a Djo­to­dia como líder de un gob­ier­no de tran­si­ción que deberá cel­e­brar elec­ciones en un pla­zo de 18 meses.

Los protagonistas: milicias y grupos de autodefensa

La coali­ción Sele­ka, un movimien­to for­ma­do orig­i­nal­mente por cin­co mili­cias, se deshi­zo el pasa­do mes de sep­tiem­bre tras no acatar la may­oría de sus hom­bres la orden del pres­i­dente Djo­to­dia de que se inte­grasen en el Ejérci­to nacional. Des­de entonces, los exre­beldes (más de 20.000 mili­cianos con fácil acce­so a armas, de acuer­do con Amnistía Inter­na­cional) habrían reclu­ta­do, según sus opo­nentes (ellos lo nie­gan), a cen­tenares de mer­ce­nar­ios de Chad, Sudán y Níger, a quienes estarían pagan­do con las grandes reser­vas de oro y dia­mantes exis­tentes en la zona que con­trolan. Orga­ni­za­ciones de dere­chos humanos denun­cian asimis­mo la pres­en­cia en las mili­cias de miles de niños soldado.

En el ban­do opuesto están los gru­pos de autode­fen­sa cono­ci­dos como anti bal­a­ka (anti­ma­chete), enfrenta­dos a Djo­to­dia, par­tidar­ios del expres­i­dente Boz­izé y con­trar­ios a la lle­ga­da de mer­ce­nar­ios extranjeros.

Los ataques: ¿Un conflicto confesional?

Los mili­cianos de Sele­ka ata­can sobre todo bar­rios y aldeas de may­oría cris­tiana; los gru­pos de autode­fen­sa, enclaves musul­manes. La vio­len­cia inter­con­fe­sion­al, sin embar­go, es un fenó­meno reciente en el país, donde los difer­entes gru­pos reli­giosos han con­vivi­do has­ta aho­ra en rel­a­ti­va armonía, a pesar de las históri­c­as que­jas de la minoría musul­mana del norte, que se ha sen­ti­do aban­don­a­da por los suce­sivos gob­ier­nos cris­tianos que han dom­i­na­do la excolo­nia francesa.

Aho­ra, ambos gru­pos están uti­lizan­do el dis­cur­so reli­gioso con fines políti­cos, pero resul­ta difí­cil obviar los intere­ses económi­cos y la cor­rup­ción gen­er­a­dos en la lucha por el con­trol del lucra­ti­vo trá­fi­co de dia­mantes y de madera, tan­to en el inte­ri­or del país como en los país­es vecinos.

No obstante, y con inde­pen­den­cia de las autén­ti­cas moti­va­ciones, la real­i­dad sí parece estar giran­do hacia un enfrentamien­to gen­er­al de carác­ter sec­tario. Según señaló el emba­jador de Ruan­da ante la ONU, Eugene Richard Gasana, el con­flic­to se parece cada vez más a la situación que desem­bocó en el geno­cidio sufri­do por su país en 1994.

Las consecuencias: pánico, violencia, éxodo y emergencia sanitaria

El caos es total. Las orga­ni­za­ciones human­i­tarias sobre el ter­reno y tes­ti­gos, que respon­s­abi­lizan prin­ci­pal­mente a los exre­beldes, denun­cian eje­cu­ciones extra­ju­di­ciales, tor­turas, ataques indis­crim­i­na­dos a civiles, agre­siones sex­u­ales a mujeres y niñas, pueb­los arrasa­dos, infraestruc­turas destru­idas, vivien­das y cose­chas incen­di­adas, hos­pi­tales sat­u­ra­dos, escue­las saqueadas…

La fal­ta de seguri­dad, además, hace que ni Naciones Unidas ni las agen­cias inter­na­cionales puedan acced­er a los lugares más remo­tos en los que se pre­cisa ayu­da. Aprox­i­mada­mente un 70% de los niños en edad esco­lar no pueden acud­ir a clase.

Los desplaza­dos han bus­ca­do refu­gio en el cam­po, en la sel­va o en las misiones católi­cas, donde, según ha aler­ta­do el Comité Inter­na­cional de la Cruz Roja, las condi­ciones son muy pre­carias, sin acce­so a agua potable o a comi­da, y sin las nece­sarias medi­das de higiene, por lo que se teme la propa­gación de enfer­medades como la malaria.

En la local­i­dad de Batan­gafo, por ejem­p­lo, el número de con­sul­tas en el hos­pi­tal que mantiene Médi­cos sin Fron­teras aumen­tó en 5.000 casos entre enero y julio con respec­to al año pasa­do (de 33.000 a 38.000), debido al cierre de puestos de salud en la zona después del golpe de Esta­do, que forzó al per­son­al del Min­is­te­rio de salud a bus­car refu­gio, prin­ci­pal­mente en la capital.

La respuesta internacional: presencia insuficiente

Actual­mente hay dos misiones inter­na­cionales desple­gadas en la Repúbli­ca Cen­troafricana, una de la ONU (BINUCA), que tra­ta de fomen­tar el diál­o­go entre los gru­pos rivales, y otra region­al (Mis­ión Inter­na­cional de Apoyo a la Repúbli­ca Cen­troafricana, MISCA), cuya mis­ión es super­vis­ar un desarme y pro­te­ger a la población civil.

La Unión Africana pre­vé aumen­tar a 3.600 los sol­da­dos de la MISCA, pero Naciones Unidas no cree que sea sufi­ciente, y tam­poco la UE, que cal­cu­la que habría que mul­ti­plicar por cua­tro el número de efec­tivos. El vices­ec­re­tario gen­er­al de la ONU, Jan Elias­son, ha pedi­do al Con­se­jo de Seguri­dad que refuerce la pres­en­cia mil­i­tar has­ta 6.000 sol­da­dos y que con­vier­ta la mis­ión en una operación de pacificación.

El prob­le­ma, como explic­a­ba un miem­bro de la ONG Comité Inter­na­cional de Rescate a la BBC, es que no bas­ta con pro­te­ger las ciu­dades, ya que en cuan­to lle­gan las fuerzas extran­jeras, los mili­cianos se desplazan a regiones más remotas.

El papel de Francia: una nueva intervención en África

Fran­cia, que tiene ya 410 mil­itares desple­ga­dos en la cap­i­tal del país, Ban­gui, empezó este jueves a enviar más hom­bres y mate­r­i­al des­de país­es veci­nos, a la espera de una próx­i­ma res­olu­ción de la ONU que autorice una inter­ven­ción mil­i­tar. El min­istro francés de Defen­sa, Jean-Yves Le Dri­an, anun­ció el martes el próx­i­mo despliegue de un mil­lar de sol­da­dos para «restable­cer el orden» en la Repúbli­ca Centroafricana.

El pasa­do mes de enero, Fran­cia emprendió una operación mil­i­tar en Mali para con­tener el avance de gru­pos islamis­tas, y actual­mente cuen­ta en este país africano con unos 2.800 mil­itares. Evi­tar que la Repúbli­ca Cen­troafricana se con­vier­ta en un «vivero de gru­pos extrem­is­tas» es, tam­bién en este caso, el prin­ci­pal obje­ti­vo estratégi­co de París.

La Repúbli­ca Cen­troafricana, un ter­ri­to­rio rico en min­erales y sin sal­i­da el mar, está enca­jon­a­da entre seis país­es, cada uno de ellos vin­cu­la­do a una zona más amplia de inesta­bil­i­dad, y Fran­cia teme que el vacío cau­sa­do por la descom­posi­ción del Esta­do en su excolo­nia pue­da atraer a redes de traf­i­cantes de dro­gas o armas, o a gru­pos rad­i­cales islamis­tas o de ter­ror­is­tas regionales.

Los vecinos: Chad, Uganda y Joseph Kony

El con­flic­to tiene reper­cu­siones direc­tas en los país­es veci­nos de la Repúbli­ca Cen­troafricana. Por un lado, el expres­i­dente Boz­izé llegó al poder apoy­a­do por el ejérci­to de Chad, país que ha acogi­do a miles de refu­gia­dos cen­troafricanos, y para el que el ascen­so de Djo­to­dia rep­re­sen­ta aho­ra una seria ame­naza. Por otro lado, el ejérci­to de Ugan­da com­bate en la Repúbli­ca Cen­troafricana a fac­ciones del tris­te­mente famoso grupo rebelde ugandés Ejérci­to de Resisten­cia del Señor, cuyo líder, el fanáti­co Joseph Kony, ha sido acu­sa­do por la Corte Penal Inter­na­cional de crímenes con­tra la humanidad. Djo­to­dia ase­gu­ra, aunque sin ofre­cer prue­bas, que está a pun­to de lograr la ren­di­ción de Kony, uno de los jefes guer­rilleros más bus­ca­dos del continente.

El contexto: una historia turbulenta

El ter­ri­to­rio Uban­gui-Shari, actu­al Repúbli­ca Cen­troafricana, fue ocu­pa­do por Fran­cia en 1894. La región se con­vir­tió en colo­nia en 1905, se vin­culó a la denom­i­na­da África Ecu­a­to­r­i­al France­sa (jun­to a Gabón y el Con­go Cen­tral) en 1910, y se con­sti­tuyó en ter­ri­to­rio de ultra­mar de la Unión France­sa en 1946. En 1958 Fran­cia le otorgó el auto­go­b­ier­no y se declaró la autonomía de la Repúbli­ca Cen­troafricana en el seno de la Comu­nidad France­sa. Su primer pres­i­dente, Barthéle­my Bagan­da, fue susti­tu­i­do tras su muerte por su sobri­no David Dacko, quien el 13 de agos­to de 1960 proclamó la inde­pen­den­cia ple­na del país. Des­de entonces, la inesta­bil­i­dad políti­ca ha sido constante:

  • 1965. El coro­nel Jean-Bedel Bokas­sa da un golpe de Esta­do, abole la Con­sti­tu­ción y dis­uelve la Asam­blea Nacional. En 1972 se declara pres­i­dente vita­l­i­cio y en 1976, en una fas­tu­osa cer­e­mo­nia, se procla­ma «primer emper­ador del Impe­rio Cen­troafricano». Su manda­to, dic­ta­to­r­i­al y car­ac­ter­i­za­do por repre­siones y tor­turas, ten­drá el apoyo de Fran­cia, que recibe del país africano el uranio nece­sario para su pro­gra­ma nuclear.
  • 1976. Bokas­sa es depuesto por su asesor per­son­al, David Dacko, quien asume la pres­i­den­cia del país. El exem­per­ador será con­de­na­do a muerte en 1988, acu­sa­do de traición, asesina­to, apropiación inde­bi­da de fon­dos estatales e inclu­so cani­bal­is­mo. En 1979 Dacko pro­mul­ga una nue­va Con­sti­tu­ción, aproba­da en refer­én­dum, que establece un sis­tema mul­ti­par­tidista. Tras ganar las elec­ciones, Dacko será depuesto en 1981 por el gen­er­al André Kol­ing­ba, quien pro­mul­ga una nue­va Car­ta Magna, aproba­da en 1986. La nue­va nor­ma insti­tu­cional­iza el par­tido diri­gente de la Agru­pación Democráti­ca Cen­troafricana (RDC), par­tido úni­co, y con­fía el poder ejec­u­ti­vo al pres­i­dente de la República.
  • 1993. Ange-Félix Patassé gana las elec­ciones y es des­ig­na­do jefe de Esta­do, aca­ban­do con el rég­i­men mil­i­tar. Durante su manda­to habrá tres sub­l­e­va­ciones y cua­tro inten­tos de golpe de Estado.
  • 2003. El gen­er­al François Boz­izé, antiguo jefe del Esta­do May­or del Ejérci­to cesa­do por Patassé, da un nue­vo golpe de Esta­do y se procla­ma pres­i­dente de la Repúbli­ca. El nue­vo líder instau­ra un gob­ier­no de unidad nacional inte­gra­do por todas las fuerzas políti­cas y dirigi­do por Abel Goumba.
  • 2005. Boz­izé es elegi­do pres­i­dente con el 64% por cien­to de los votos. Ren­o­vará su manda­to en 2011en unos comi­cios que fueron cal­i­fi­ca­dos de fraud­u­len­tos por la oposición.
  • Diciem­bre de 2012. La coali­ción de fuerzas rebeldes Sele­ka toma var­ios pueb­los del noroeste del país.
  • 24 de mar­zo de 2013. Toma de la cap­i­tal, Ban­gui, por parte del líder de Sele­ka, Michel Djo­to­dia, quien se procla­ma nue­vo pres­i­dente, tras la hui­da de Bozizé.

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