Las claves del Pacto del Euro, la polémica hoja de ruta de la UE contra la crisis económica

Miguel Máiquez, 15/6/2011

El pasa­do 11 de mar­zo, los 17 jefes de Esta­do y de Gob­ier­no de la zona euro apro­baron en Con­se­jo Extra­or­di­nario un pacto con el que se pre­tende impul­sar la com­pet­i­tivi­dad de la región, y hac­er­le frente así a la grave cri­sis por el endeu­damien­to públi­co que está vacian­do las arcas comu­ni­tarias a fuerza de rescates financieros, y echan­do por los sue­los la con­fi­an­za de los mer­ca­dos inter­na­cionales, espe­cial­mente en los país­es que, como España, nece­si­tan crédi­to exte­ri­or para man­ten­erse.
El pacto fue rat­i­fi­ca­do en su may­or parte el 19 de abril por la Comisión de Economía y Asun­tos Mon­e­tar­ios del Par­la­men­to Europeo, y las medi­das serán aprobadas por el pro­pio Par­la­men­to, pre­vis­i­ble­mente, el próx­i­mo día 27 del pre­sente mes de junio, en Bruselas.

Gre­cia e Irlan­da ya habían caí­do en el rescate finaciero de la UE, a Por­tu­gal le qued­a­ba ape­nas un mes, y las per­spec­ti­vas de futuro para España, o inclu­so para Italia, no eran pre­cisa­mente halagüeñas. Los gob­ier­nos de la Euro­zona, con Ale­ma­nia pre­sio­n­an­do, bus­caron cor­tar por lo sano: el lla­ma­do Pacto del Euro recoge, mod­er­a­do a duras penas por Fran­cia, la may­oría de las duras exi­gen­cias económi­cas planteadas por Berlín y es, en líneas gen­erales, una especie de com­pro­miso para que todo el mun­do juegue con la mis­ma bara­ja, a las duras y a las maduras.

El prob­le­ma, o la ven­ta­ja, según el pun­to de la vista, es que la bara­ja es una bara­ja con mucha pro­duc­tivi­dad y mucho sac­ri­fi­cio, pero con pocos y ambigu­os com­pro­misos sociales. Tenien­do en cuen­ta que, tras la vic­to­ria con­ser­vado­ra en Por­tu­gal, sólo cin­co (incluyen­do Chipre y Eslove­nia) de los 27 país­es de la UE tienen actual­mente gob­ier­nos que se con­sid­er­an a sí mis­mos de izquier­das, tam­poco es como para sorprenderse.

Los defen­sores del Pacto del Euro lo ven como el úni­co modo de romper el cír­cu­lo vicioso de endeu­damien­to, pre­sión financiera, ban­car­ro­tas y rescates, por el que se arras­tra bue­na parte del Viejo Con­ti­nente. Sus detrac­tores lo ven como la mejor man­era de hundir más aún a los ciu­dadanos, a base de recortes, ajustes, mod­eración salar­i­al, flex­i­bil­i­dad lab­o­ral y pér­di­da de dere­chos, en aras de un supuesto crec­imien­to que, de con­seguirse, ben­e­fi­cia­rá prin­ci­pal­mente a los que son, en bue­na parte, los pro­pios respon­s­ables de la cri­sis. Tam­poco entien­den estos últi­mos cómo unas medi­das de seme­jante cal­a­do, y que afec­tarán a unos 330 mil­lones de per­sonas, pueden adop­tarse sin la con­vo­ca­to­ria de un referéndum.

Los gob­ier­nos, el español inclu­i­do, esper­an crear con este pacto economías más com­pet­i­ti­vas, menos vul­ner­a­bles, con más empleo y con el déficit a raya. Por el con­trario, quienes se opo­nen lo han con­ver­tido ya en el blan­co número uno de las protes­tas sociales que están sacu­d­i­en­do muchos país­es de Europa, empeza­do por el Movimien­to 15‑M español. Este domin­go, para empezar, hay con­vo­cadas grandes man­i­festa­ciones de protes­ta.

Se inter­pre­ten cono se inter­pre­ten, ya sea como un paso inevitable hacia ade­lante o como el entier­ro defin­i­ti­vo de lo poco que que­da ya de la Europa social, éstas son las claves de lo que acor­daron los líderes europeos en Bruse­las. O, lo que es lo mis­mo, las líneas maes­tras de la políti­ca económi­ca que nos espera, al menos, a medio plazo.

¿Dónde tiene su origen el Pacto del Euro?

El Pacto del Euro es una ver­sión suaviza­da y «equi­li­bra­da» del Pacto por la Com­pet­i­tivi­dad pro­movi­do por Ale­ma­nia en febrero como condi­ción para acep­tar un aumen­to del fon­do de rescate para los país­es con difi­cul­tades económicas.

Se adop­tó en el ter­cer Con­se­jo Extra­or­di­nario cel­e­bra­do por los país­es de la Euro­zona. Los dos ante­ri­ores habían tenido lugar tras la caí­da del ban­co Lehman Broth­ers, en octubre de 2008, y como con­se­cuen­cia del hundimien­to de la economía grie­ga, en mayo de 2010.

¿Cuáles son sus objetivos generales?

El Pacto es un com­pro­miso for­mal: Todos los Esta­dos que for­man la mon­e­da úni­ca se com­pro­m­e­ten a seguir una serie de políti­cas económi­cas comunes, con prop­ues­tas para cor­re­gir los aspec­tos que han fra­casa­do en sus economías. Se tra­ta de con­seguir que las empre­sas que uti­lizan el euro en los mer­ca­dos mundi­ales sean más fuertes, lo que, en teoría, redun­dará en un aumen­to del flu­jo com­er­cial y expor­ta­dor de la UE, en una may­or esta­bil­i­dad financiera, en unos Esta­dos menos endeu­da­dos y en un crec­imien­to económi­co más sostenible.

Para ello se estable­cen una serie de prin­ci­p­ios bási­cos. Los cin­co man­damien­tos prin­ci­pales son: Impul­sar la com­pet­i­tivi­dad, impul­sar el empleo, aumen­tar la sosteni­bil­i­dad de las finan­zas públi­cas, reforzar la esta­bil­i­dad financiera y con­tro­lar el déficit.

¿Cómo se pretende impulsar la competitividad?

Vin­cu­lan­do los salarios a la pro­duc­tivi­dad. Los fir­mantes del pacto entien­den que para mejo­rar la com­pet­i­tivi­dad tienen que bajar los gas­tos, empezan­do por los cos­tos lab­o­rales, y eso, en su opinión, sólo puede con­seguirse moderan­do los suel­dos. ¿Cómo? Revisan­do los acuer­dos (los con­ve­nios, por ejem­p­lo) para restringir posi­bles subidas acor­dadas de ante­mano que no depen­dan de la mar­cha de la empre­sa, «descen­tral­izan­do los pro­ce­sos de nego­ciación» (es decir, más nego­ciación a títu­lo per­son­al y menos a niv­el colec­ti­vo o estatal), o evi­tan­do que unos salarios altos en el sec­tor públi­co sir­van de ref­er­en­cia a los suel­dos de la empre­sa privada.

El pacto, no obstante, reconoce y «solici­ta» la inter­ven­ción de los agentes sociales en las nego­cia­ciones que darán for­ma a la vin­cu­lación entre salarios y pro­duc­tivi­dad, y no pro­híbe explíci­ta­mente seguir suped­i­tan­do los salarios a la inflación,como es cor­ri­ente en España.

La otra pata del ban­co es aumen­tar la pro­duc­tivi­dad en sí. Para ello el pacto recomien­da «una may­or aper­tu­ra de los sec­tores pro­te­gi­dos», «mejo­rar los sis­temas educa­tivos y fomen­tar la inver­sión en inves­ti­gación y desar­rol­lo (I+D)», y «mejo­rar el entorno empresarial».

¿Cómo se pretende impulsar el empleo?

Los líderes europeos apues­tan aquí por reba­jar los impuestos a las empre­sas para incen­ti­var la con­trat­ación de tra­ba­jadores y la lla­ma­da for­ma­ción per­ma­nente; por aumen­tar la flex­i­bil­i­dad lab­o­ral (más movil­i­dad geográ­fi­ca, más dis­posi­ción a cam­biar de empleo, más empleos tem­po­rales «de cal­i­dad», etc), y por reducir el tra­ba­jo no declarado.

¿Cómo se pretende aumentar la sostenibilidad de las finanzas públicas?

El pacto insiste en la necesi­dad de garan­ti­zar la apli­cación del Pacto de Esta­bil­i­dad y Crec­imien­to, que obliga a reducir los déficits pre­supues­tar­ios por deba­jo del 3%. Para ello recomien­da refor­mar (racionalizar para unos; pri­va­ti­zar y reducir, para otros) el sis­tema de pen­siones, el sis­tema san­i­tario o las presta­ciones sociales.

Con respec­to a las pen­siones, el pacto acon­se­ja que se vin­cule la edad de jubi­lación de los tra­ba­jadores a la media de esper­an­za de vida de cada país, como man­era de equi­li­brar los desajustes pre­supues­tar­ios y garan­ti­zar la via­bil­i­dad del sis­tema. La idea es estable­cer mecan­is­mos per­ma­nentes de revisión de las pen­siones, con posi­bles aumen­tos de la edad de jubi­lación cuan­do la situación económi­ca lo exija.

¿Cómo se pretende reforzar la estabilidad financiera?

Reforzan­do y pre­stando una espe­cial aten­ción a la coor­di­nación de las políti­cas fis­cales y a la lucha con­tra el fraude.

En lo que concierne a la coor­di­nación de las políti­cas fis­cales, el pacto es bas­tante vago, ya que se limi­ta a señalar que los fir­mantes «se com­pro­m­e­ten a entablar debates estruc­tura­dos en torno a la políti­ca tributaria».

Los sindi­catos ase­gu­ran que esta coor­di­nación sólo se apli­cará a la base del impuesto de sociedades, y que acabará sig­nif­i­can­do may­ores subidas del IVA (un impuesto que pagan todos por igual, inde­pen­di­en­te­mente de cuáles sean sus ingresos).

¿Dice algo el pacto sobre las prácticas de la banca o la especulación?

No mucho. Indi­ca que las enti­dades financieras «efec­tu­arán per­iódica­mente prue­bas rig­urosas de resisten­cia». En este sen­ti­do, el pacto ape­nas abor­da for­mas conc­re­tas de evi­tar prác­ti­cas de la ban­ca como las que acabaron sien­do letales para las economías de muchos país­es. Tam­poco recomien­da explíci­ta­mente cómo incen­ti­var el crédi­to y el con­sumo pri­va­dos, ni entra en la necesi­dad (o no) de aco­tar la lib­er­tad de que dis­fru­tan actual­mente los mer­ca­dos financieros especulativos.

¿Cómo se pretende reducir el défict?

Lim­itán­do­lo por ley. Las respec­ti­vas leg­is­la­ciones nacionales deberán impon­er límites, tan­to a la deu­da públi­ca como al déficit del Estado.

¿Cómo van a rendir cuentas los Estados?

Según el acuer­do, los país­es de la zona euro deberán anun­ciar com­pro­misos anuales sobre estos aspec­tos y ten­drán que pre­sen­tar resul­ta­dos en 12 meses.

El éxi­to de las refor­mas que empren­dan depen­derá en bue­na medi­da, no sólo de los resul­ta­dos económi­cos, sino tam­bién de la protes­ta social o la con­flic­tivi­dad lab­o­ral que generen, en vir­tud de cómo se acaben tra­ducien­do, por ejem­p­lo, los acuer­dos sobre mod­eración salar­i­al, o del efec­to que ten­ga el con­trol de la deu­da sobre las pen­siones y políti­cas asis­ten­ciales des­ti­nadas a los más desfavorecidos.

¿Qué margen de libertad tienen?

En prin­ci­pio, el pacto da lib­er­tad a los gob­ier­nos para decidir las medi­das que adop­tarán para alcan­zar esas metas. Esta decisión se adop­tó con obje­to de sal­var las ret­i­cen­cias de algunos socios a las imposi­ciones ale­m­anas. Según el doc­u­men­to, «los Esta­dos miem­bros seguirán los obje­tivos de acuer­do con las políti­cas que esco­jan […]. La elec­ción de las políti­cas especí­fi­cas nece­sarias per­manece como respon­s­abil­i­dad de cada país».

¿Por qué se llama Pacto del Euro?

En teoría, porque afec­ta a la Euro­zona. En la prác­ti­ca, se lla­ma Pacto del Euro, o Pacto por el Euro, porque se nece­sita­ba un nom­bre dis­tin­to a la denom­i­nación orig­i­nal de Pacto por la Com­pet­i­tivi­dad, para evi­tar un tér­mi­no demasi­a­do aso­ci­a­do a las exi­gen­cias de Berlín.

¿Qué postura tiene el Gobierno español?

El pres­i­dente del Ejec­u­ti­vo español, José Luis Rodríguez Zap­a­tero, se ha mostra­do favor­able a la adop­ción del pacto, que con­sid­era nece­sario para «elim­i­nar las rigide­ces de las economías domés­ti­cas» euro­peas y ganar com­pet­i­tivi­dad, según afir­mó en una car­ta que envió al pres­i­dente del Con­se­jo Europeo, Her­man van Rompuy. A juicio de Zap­a­tero, esto sig­nifi­ca «alin­ear salarios y pro­duc­tivi­dad», aspec­to en el que «es esen­cial el apoyo de sindi­catos y empresarios».

¿Se han empezado ya adoptar estas medidas en España?

Sí, y antes inclu­so de la aprobación del pacto: Recortes en el gas­to públi­co, retra­so en la edad de jubi­lación y refor­ma del sis­tema de pen­siones, refor­ma lab­o­ral, anun­cio de que se lig­arán los salarios a la pro­duc­tivi­dad lab­o­ral, subi­da del IVA…

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